31 de julio de 2013

La Crónica de León cierra para siempre y como dice el tío Ful "ya me diréis con qué vamos a envolver el bocadillo" si nos quedamos sin periódicos.

**  Lolo me comentaba hace unos días que "siempre el universo abre nuevas oportunidades" ¡¡SUERTE PARA TODOS, se os quiere un montón a todos y a todas!! 

No dejéis de leer el homenaje que han hecho desde Tam Tam Press "Yo también fui de La Crónica"
Primer chiste de LoLo para La Crónica de León 1/3/986, dicen que La Crónica nació de nalgas




Y como dijo el tío Ful en su penúltima contraportada para La Crónica de León, con una imagen de Mauri y 232 palabras  suyas, "Ya me diréis con qué vais a envolver el bocadillo".

No puedo entender que cierren un periódico. No voy a decir lo de la libertad de expresión, la competencia y esas cosas, que ya sabía que los poderosos de eso hablan mucho pero no lo practican nada, me preocupo, como siempre, por el paisano al que nadie escucha.
¿Con qué vamos a hacer ahora esas bolsas tan prácticas para meter la tortillona del domingo de campo?

¿Qué leemos mientras tomamos el café de por la mañana?, ¿sacamos el portátil para que Sidoro te diga que en su casa no andes enchufando el guifi ni todas esas mierdas que te dejan impotente de la parte bajera?

¿En qué envuelven los pobres el bocadillo? ¿O es que van a recetar el papel Albal en las oficinas de los servicios sociales del Ayuntamiento?

¿Qué se va a meter Manolo el de Villanueva y similares debajo del anorak o la trenka cuando vuelven en moto de jugar la partida de por la noche?

¿En qué maduras los plátanos cuando te los vendes verdes?, ¿dónde dejas todas las peras que te regalan las vecinas en septiembre?

¿Con qué cubres el aparador para pintar el comedor por las fiestas?

¿Qué pone tu madre en el suelo cuándo acaba de fregar el suelo?

¿Qué pones debajo de la jaula para las cagadas del loro?

No me joder, que eso de cerrar el periódico no lo tenéis bien calculado.


Los gatunos y el erizo utópico se quedan huérfanos de utopía

Hoy sin ir más lejos una amiga me ha comentado que en su trabajo seguramente hagan un ERE, ÁNIMO A ESTE PASO ESTE PAÍS SERÁ UN ERE NACIONAL y seguimos sin hacer nada, como si todo esto no fuese con nosotros...

Post publicado en el periódico digital Ileon.com

Irma.-

131 comentarios:

  1. Para mi leer la contraportada era como el primer café de la mañana: INSUSTITUIBLE.
    Y ahora....¿què?

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  2. IMPOTENCIA Y ASCO ES LO QUE SIENTO POR EL MENTECATO LADRILLERO QUE TODO LO QUE TOCAN LO JODEN.

    ARRIEROS SOMOS..

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  3. David Rubio, periodista de La Crónica de León, escribe sobre el cierre de la histórica cabecera leonesa.

    Penúltimo número de La Crónica de León, 30 de julio de 2013

    La Crónica de León editará el 31 de julio su último número, lo que supone el final de un periodo de 27 años informado diariamente de la actualidad leonesa, a lo largo de los cuales este periódico ha contribuido al desarrollo de esta provincia, exhibiendo sus grandezas y sus miserias, divulgando su historia y anticipando su futuro gracias a la pluralidad informativa que ha generado y que ahora desaparece.

    Los trabajadores de La Crónica queremos denunciar que al periódico que sentimos como propio lo ha dejado morir la penosa gestión de los administradores, debido al abandono absoluto por parte de sus propietarios, quienes, a pesar de los intentos por retomar la situación que desde hace años hemos llevado a cabo los trabajadores, no han llevado a cabo ninguna de las medidas necesarias para garantizar la pervivencia de La Crónica, abandonándola a su suerte y sin gestión alguna.

    La Crónica ya padecía una grave situación de insolvencia desde el año 2009, situación que se ha prolongado en el tiempo y por la que esperamos que los tribunales depuren responsabilidades a los administradores. Por el camino se ha quedado más de la mitad de la plantilla, con un ERE primero temporal y más tarde de extinción para 11 compañeros, congelaciones salariales desde el año 2007, continuos retrasos en el pago de nóminas e impagos que llevaron a la convocatoria de una huelga de tres días durante el pasado mes de diciembre. Ese paro, que fue secundado masivamente por los trabajadores y que evitó la publicación durante estos días del diario (algo insólito en la prensa española) tampoco sirvió para que la propiedad se dignara a hablar con los trabajadores. A día de hoy, se nos adeuda un total de once nóminas. Ese esfuerzo laboral ha supuesto no pocas dificultades económicas a los trabajadores que, a pesar de ello, hemos seguido siempre adelante, intentando sacar el mejor periódico posible a pesar de las trabas y recortes de medios de todo tipo que hemos sufrido y sirviendo de altavoz para las reivindicaciones de otros leoneses que también se han visto afectados de una forma u otra por la crisis. El pago a todo este esfuerzo ha sido obligarnos a trabajar durante este mes, a pesar de la presentación de un preconcurso de acreedores y de la imposibilidad de realizar ningún otro pago. Unas formas que dicen mucho de la propiedad, surgida de la vieja escuela del ladrillo, de la que forma parte la familia Martínez Nuñez y de la que proceden no pocos empresarios propietarios de medios de comunicación del país y especialmente Castilla y León, que ni saben ni conocen un sector al que entraron en tropel con los millonarios ingresos de la burbuja inmobiliaria. Ahora vivimos las miserias de una situación de crisis que ha cerrado dos periódicos en León en apenas algo más de un año, que mantiene al borde del precipicio a no pocos medios digitales, que ha provocado el cierre de radios y televisiones, ajustes de plantilla, prejubilaciones anticipadas, reducciones salariales y que mantiene situaciones laborales deleznables para muchos de los que todavía trabajan, con empleos por cuenta propia pero por encargo con los que tan si quiera se pueden permitir pagar los costes salariales de autónomos para poder comer.

    Mucho se habla de la construcción, de la sanidad, de la educación o los funcionarios en general, pero nadie se acuerda de la más que difícil situación que viven los profesionales que sí escriben de las dificultades de otros. Una situación que se ha generalizado con una crisis que, lejos de solucionarse, se está agravando por momentos y que ha provocado la huída de León de no pocos profesionales ante la imposibilidad de trabajar en León.

    Sólo queda un adiós, o mejor un hasta luego con la esperanza de que el cierre de La Crónica sea el último cierre de un medio de comunicación.

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  4. Un día muy triste utópica y la putada es que no será el último.

    Salud!

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  5. Siento tremenda tristeza porque se apaga una luz que costará muchos años volver a encender.

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  6. El 'joven' diario cierra sus puertas después de alcanzar cotas impensables / 27 años de historia de un gran periódico empujado al abismo por sus propios editores

    J. Calvo / @Javi_calvo

    "Y que nadie se preocupe, porque para este proyecto hay el dinero que se necesite". La frase, lapidaria, fue pronunciada en 2008 por el constructor José Martínez Núñez ante un abarrotado Auditorio Ciudad de León durante la presentación del nuevo diseño del diario La Crónica de León tras su desvinculación de El Mundo. Cinco años después, el periódico ha cerrado sus puertas.

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  7. En León nos acabamos de quedar huérfanos de libertad de prensa y seguimos rodeados de los mismos ciruelos que van jodiendo poco a poco nuestra provincia, un beso.

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  8. Ojalá y hasta alcances la utopía de que renazca la Crónica...

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  9. Morimos un poco todos cuando sucede algo como esto, ¿cuando pintamos que ponemos en el suelo?, ¿cuantos cafés dejarán de venderse', un abrazo!

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  10. La crisis se está llevando todo, una lástima !!!!

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  11. Me quedo con el carpintero de Cabrera, con el chiste del guelu, con la contraportada del cierre, mucha gente ha tirado de este carro pero una vez más D. DINERO gana la sucia partida.

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  12. Humor crónico: Lolo y Fulgencio Fernández
    El humor es una mirada fulgurante, una luz que ilumina el mundo para hacerlo soportable. En este orden de cosas en León existía un humor crónico –el humor de La Crónica de León; el humor gráfico de Lolo y el columnístico de Fulgencio Fernández- que nos calentaba cada mañana el ánimo como un cargado café con orujo intelectual:...

    Humor crónico: Lolo y Fulgencio Fernández
    El humor es una mirada fulgurante, una luz que ilumina el mundo para hacerlo soportable. En este orden de cosas en León existía un humor crónico –el humor de La Crónica de León; el humor gráfico de Lolo y el columnístico de Fulgencio Fernández- que nos calentaba cada mañana el ánimo como un cargado café con orujo intelectual:...
    31/07/2013
    UNA BALA CON MI NOMBRE
    ... pensar que desde esta misma semana ya no existe La Crónica de León equivale a que en esta ciudad pasemos a vivir dentro de una de esas novelas de ciencia ficción distópica de Philip K. Dick en la que el mundo se ha vuelto loco…

    Sí, ha muerto La Crónica de León –descanse en paz- y la ciudad, sin esa presencia periodística diaria, y en especial sin el toque de humor que ese periódico incluía, va a engrisecer ante nuestros ojos como la barba de un brujo.

    Y es que una ciudad con menos humor engrisece y va muriendo más deprisa como los hombrecillos de la novela de Michael Ende Momo cuando terminaban de apurar sus puros.

    Pero este es tan buen momento como cualquier otro para expresar nuestra sentida gratitud por la bienhumorada forma de hacer periodismo inteligente que tanto Fulgencio Fernández como Lolo han practicado en esta ciudad durante tantos años.

    Lolo, ángel doctorado en amistad y en mus, caballero sensible, engafado y gótico como salido de un comic, sembrador de imágenes, hombre de negro pero con alma blanca como un personaje de una novela de Mary Shelley que sí acabe bien, y Fulgencio Fernández, lo contrario de un metrosexual, tamborilero de la prosa, hablador ocurrente e irredento, barbudo sin comedimiento como un comunista de pueblo, sociólogo del surrealismo rural y experto en puticultores, son dos personajes impagables de esta ciudad y del periodismo de esta ciudad a los que nunca terminaremos de agradecer del todo las muchas sensaciones potentes que nos han regalado.

    Vale, la crisis se lleva por delante a los mejores de los nuestros, pero, lejor de resignarse, toca luchar.

    De hecho no puedo creer que esta ciudad se pueda permitir que Lolo y Fulgencio no sigan trabajando e iluminándonos con su talento.

    Pero ésa es la primera lección de la crisis, que hay que cambiar de lugar. No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis –dicen los clásicos- es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias; la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura...

    A Fulgencio y a Lolo la crisis les ha fundido el humor y eso no podemos permitírnoslo.

    Ningún momento mejor para decirles desde aquí, y sé que en nombre de mucha gente de esta tierra, GRACIAS.

    Y seguimos.

    Luis Artigue

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  13. Hasta siempre "crónicos y crónicas"

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  14. Solo hay que ver la cabeza de los cuatro borregos que salen en la portada de La Crónica hoy, en efecto que una imagen vale más que mil palabras.

    Por cierto el ken y la barbie no podían faltar en la expedición, pero esto es León

    Foto: Mauricio Peña
    Dónde: río Bernesga
    Cuándo: 30 de julio de 2013

    Salud para todos

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  15. Vayamos encargando la lápida para León que nos hará falta a corto plazo.

    Un pérdida irreparable para León y para nuestra libertad de expresión

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  16. Es una pena, pero son muchos periódicos son los que han tenido que cerrar, y seguro que caerán más.

    Besos.

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  17. Raro es que nadie haya dicho algo así como que se jodan, ya que en León somos siempre tan solidarios con todo el mundo, pero bueno así nos va utópica.

    Pelearemos hasta el final cueste lo que nos cueste. Abrazo grande para tí y para toda esa gran familia que formó parte de nuestra Crónica de León

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  18. Mar Villada de Riellomiércoles, 31 julio, 2013

    Lolo es un sabio. Tiene toda la razón, como dijo Rockefeller "en todo fracaso hay una oportunidad nueva". Seguro que les surgirán nuevas y mejores oportunidades a los dos. Se lo merecen. Y si no nos vamos todos los utópicos y hacemos un nuevo país..., con entrada restringida!!
    Gracias por todo Irma!!

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  19. Nadie mejor que los que estaban dentro saben la mierda que hubo que tragar, un ejemplo alto y claro.

    http://elumbraldepaco.blogspot.com.es/2013/07/adios-gracias-dios.html

    Muy recomendable su lectura.

    A tomar por el culo de una puta vez. Tengo la polla inflada de tanto escuchar eso de que el cierre de La Crónica supone una merma de libertades y de pluralismo informativo. ¿Pero qué mierda es esa?. Aparte del indeseado efecto que este cierre tendrá sobre el magnífico grupo de personas con las que he trabajado en León y en Ponferrada y de las que he aprendido cada día, el cierre de La Crónica es justo y necesario. La Crónica se había convertido en un atentado contra la libertad de expresión y de información. A lo mejor es que era yo el único que se comía los marrones y todos los demás compañeros escribían con plena libertad. Pero realmente yo estaba ya hasta los cojones de tanta sodomía intelectual y de tanto tragar pollas, que ya tengo la mandíbula dislocada y el culo como la bandera de Japón.

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  20. Los leoneses tienen que asistir estos días al cierre de La Crónica de León, el periódico que salió en marzo de 1986 para "compensar" la dictadura informativa del Diario de León, que desde mayo de 1984, tras la compra del periódico estatal La Hora Leonesa el cual cerró, tuvo dos años para hacerse un poquito "insoportable". Es síntoma de muchas cosas: de lo difícil que es sobrevivir escribiendo para que una rotativa saque las noticias y las deje más viejas aún de lo que lo hace la radio con la presencia de Digitales como éste, iLeón; del resultado de ser propiedad de "ladrilleros"; de la crisis que ha secado la publicidad en el periódico; del desánimo en las redacciones que no cobran; de una forma de hacer periodismo que está desapareciendo (sinceramente no sé si para bien o para mal).

    Y es que muchos no son conscientes de que La Crónica de León es una de las escuelas más importantes del periodismo leonés, que, por otra parte, es una de las más fuertes de España (no en vano los mejores literatos de este país son de León: Julio Llamazares, Andrés Trapiello, Luis Mateo Díez, Gamoneda y todos los que ustedes van a recordar que ya no están entre nosotros). Un periódico, por cierto, que se adelantó a los tiempos porque fue el primero completamente informatizado de España, como indica esta noticia de la hemeroteca de El País.

    ¿Y porqué me atrevo a hacer esta afirmación? ¿Una de las escuelas más importantes del periodismo leonés? Pues, salvando los enormes profesionales nacidos en el Diario de León (Fernando Aller, Javier Melero, Marco Romero, Ana Gaitero y el recientemente fallecido fotógrafo Norberto Cabezas, entre otros) les voy a contar una historia de nombres (y allí donde están hoy) que les va a dejar boquiabiertos.

    La Crónica de León comenzó con un plante de media redacción del Diario de León, ya que casi toda la plantilla se marchó de golpe y porrazo a La Crónica. Entre ellos, y ojo al dato, estaban que yo recuerde un tal Óscar Campillo (entonces corresponsal de Astorga y Comarca), Rafael Blanco (que fue jefe de Deportes en la Voz de Galicia y lleva un montón de años como subdirector del Diario, Benigno Castro (ya fallecido que también fue director de La Crónica y llegó a ser director general de la Sociedad Estatal de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios en el primer gobierno de Zapatero, nada menos), Lolo (nuestro gran dibujante), el hasta hoy jefe de fotógrafos 'croniquero' Mauricio Peña, algún que otro corresponsal y fijo que algún grande del periodismo del que no me acuerdo ahora.

    Casi como venganza del destino, el Diario de León se surtió al pasar de los años de periodistas de La Crónica, al principio pocos como Susana Vergara (la primera), luego más como Verónica Viñas. Pasamos también por allí José Antonio Otero (Jao) y el que suscribe en Provincia; Emilio Gancedo hizo sus primeras prácticas allí y el multipremiado Manuel Cachafeiro fue la última incorporación. Fijo que me dejo a alguien en el tintero.

    ¿Pero quienes han pasado por La Crónica? Que yo recuerde, de mis años de prácticas, 'adjunto al redactor' y editor del suplemento de Tecnología al final (del 92 al 98) me salen varios directores:





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  21. ¿Pero quienes han pasado por La Crónica? Que yo recuerde, de mis años de prácticas, 'adjunto al redactor' y editor del suplemento de Tecnología al final (del 92 al 98) me salen varios directores:

    Óscar Campillo, el que le tocó el marrón de ser director -y de meterme en este mundillo-, y le dió la vida (lo fue también de Diario 16 Burgos compatibilizándolo con La Crónica 16, de El Mundo de Castilla y León, director general de Radio Televisión Castilla y León y hoy nada menos que Director General de Marca), José Luis Prusén (director hoy del diario 'La Rioja'), Pablo R. Lago (director del Diario de Soria, hasta hace poco de Diario de León y hoy de El Mundo de Castilla y León), Joaquín Sánchez Torné (director de El Mundo-El Correo de Burgos y hoy de Diario de León), Ángela Domínguez (directora de El Mundo de León y hoy del Diario de Soria, aguerrida y durísima periodista, pero encantadora mujer fuera de la redacción) y los del propio medio José Luis Estrada y, el último, al que le toca cerrarlo con todo el dolor de su corazón, Daniel Álvarez de la Torre (lo sé porque era mi compañero de Comarcas en mis primeros años de trabajo allí, del que aprendí a hacer periodismo riguroso y honesto y dejarme de objetividades y ser lo más ecuánime posible, el mejor periodista que he conocido). Por cierto, este último, Daniel Álvarez es documentalista y ha estado en las finales de los premios Goya con documentales tales como 'La Escuela Fusilada'. Ah, y Antonio Corcoba (que fue jefe de Prensa en la Diputación de León y hoy es el director de Radio Marca). Y Eva Suárez (hoy 'Dolcetriz') que fue directora del fallido Peatòm.info. Y, de paso, Javier Calvo, que era en La Crónica el sempiterno jefe de Deportes y hoy es el sempiterno director de Leonoticias (y por muchos años espero). Casi nada.

    Más gente: en Comarcas y luego en Economía Juanjo Valverde (que llegó a ser jefe de Prensa de Victorino Alonso, el empresario minero), en Comarcas Josu Rodríguez (hoy jefe de Prensa de Amilivia como presidente del Consejo Consultivo de Castilla y León), Carlos J. Domínguez (que fue jefe de Prensa del PSOE de León, otro enorme periodista y mejor persona); en Local Anabel Rodríguez (primera jefa de Prensa de Manuel Martínez en San Andrés del Rabanedo), Rosa Martín (que fue jefa de Prensa y de Gabinete de Alcaldía del Ayuntamiento con Francisco Fernandez), Violeta Rodríguez Oria (que fue jefa de Prensa del grupo del PP en el Ayuntamiento de León y hoy trabaja en Comunicación en la Ciuden en Ponferrada), en Cultura Ana Ustáriz (hoy en Prensa de la Universidad de León).

    Más aún: Astrid Rodríguez (jefa de Prensa de la Subdelegación del Gobierno), Lorena Fuertes (que ha pasado por varios destinos de Comunicación dentro del Ayuntamiento y tantos otros más como Mónica Garrido (que entre muchas otras cosas como directora de la compañía de teatro de Calle La Danáus, fue jefa de Prensa de IU cuando se presentó Hernán Hijosa como candidato a la Alcaldía fue luego directora accidental de Peatòm.info), Susana Martín (directora del primer diario digital de la ciudad de Léon, con Estrella Digital), José Ramón Bajo, 'Jota' (que era el subdirector de La Crónica y luego lo fue de 'El Día de Valladolid' para regresar a León como director de 'Gente en León'). Por no hablar de los periodistas que han ganado premios Cossío como el fotoperiodista Secundino Pérez (hoy en el Diario). También Amparo Martínez (que estuvo en Prensa en el Gobierno de Zapatero) o Isabel Barrionuevo (jefa de Prensa en Aena dedicándose al aeropuerto de León) o literarios como la archiconocida y buenísima escritora Noemí G. Sabugal. O Fulgencio Fernández que pese a su carácter nos brinda premios a los leoneses todos los días con su pluma y sus historias de 'Sidoro' y la peña de Cármenes. O 'Trapi', Pedro Trapiello, que comenzó en el Diario, estuvo en La Crónica y volvió al Diario donde hoy nos da "cornadas de lobo".

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  22. O López, el fotógrafo más alto de la tierra, jugándose hoy el tipo en Siria sacando unas fotáncanas de cuidado. O Andrés Martínez Casares (el sobrino de Javier Casares el fotógrafo de Efe en León, que también pertenece a la extensa familia Trapiello al fin y al cabo, aunque el segundo apellido sea de su padre; sí, también familia del Premio Nacional de Literatura, que lleva casi su mismo nombre Andrés Trapiello). Andresín que estudió periodismo de letras y cuando entró en La Crónica cogió una cámara, con dos cojones, para no soltarla en la vida (llegó a ser jefe de fotografía de ADN.es y ha publicado sus instantáneas sobre Haití en los mejores periódicos de Estados Unidos)... con dos cojones de nuevo. Y tantos otros que se me olvidarán. Pero la lista, y dónde están ahora o lo que llegaron a ser, de los que les he contado abruma. Ahora entienden lo de escuela del Periodismo leonés.

    Y la tele, también de La Crónica

    Por cierto, como anécdota final el periódico de la mítica serie televisiva 'Periodistas', -aparte de llamarse 'Crónica' como cabecera ficticia-, estaba basado en La Crónica de León con tantos paralelismos que podías reconocer a los alter egos reales de los personajes (incluso la subdirectora era rubia). No en vano uno de los guionistas de aquella serie fue periodista en La Crónica, la de aquí, la buena, la de León. La legendaria. Algunas risas nos echamos con ello: aunque la serie se parecía como un huevo a una castaña al periodismo real, en las anécdotas de las vidas de sus protagonistas alguna vimos clavadita de las que pasaron en verdad en aquella redacción de la Plaza de Toros).

    Todos, hasta los más descreídos del periodismo estamos hoy echando una lagrimita cuando hemos el último ejemplar de La Crónica de León. Tiene que ser hoy, en día en que siento que se me ha muerto alguien de la familia (qué duro y difícil resulta eso) que llevaba enfermo mucho tiempo; el día que tengo que reconocer que llevo esto del periodismo metido en el ADN. Maldita sea. Yo, que he visto este oficio como una maldición, hoy, al menos -aunque me duela reconocerlo- me doy cuenta de que San Juan me echó una bendición.

    Adiós a nuestra Crónica de León. La echaremos de menos pero la llevaremos con orgullo allí donde vayamos. Porque la experiencia de trabajar allí nos permitió llegar alto. Muy alto. Y no a pocos como han podido comprobar leyendo este pequeño homenaje a esta Escuela de Periodismo español. Se acaba la vida de La Crónica. Comienza la leyenda.

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  23. Irma, como sé que no te importa seguiré dejando algunos comentarios más que me parecen dignos de que queden plasmados en tu utopía.

    Darte las gracias por apoyar siempre las causas nobles.
    Un besín Nacho

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  24. LA CRÓNICA DE LEÓN echa el cierre, después de 27 años, y desde TAM TAM PRESS queremos rendir un homenaje y recordar a todas las personas, trabajadores y colaboradores, que en algún momento pasaron por el periódico, con el cariño, el respeto y la profesionalidad que se merecen. Hemos intentado localizar a la mayor cantidad de gentes vinculadas a La Crónica en algún momento de sus vidas, y seguimos abiertos a recibir nuevas aportaciones (textos y fotos).

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  25. La conjura más hermosa

    Por ÓSCAR CAMPILLO MADRIGAL

    Jóvenes, entusiastas, afortunadamente un poco ingenuos, entre los tipos y las tipas que por diversos caminos llegamos a la primera Crónica de León prendieron tantas llamas, saltaron tantas chispas, que nadie, durante mucho tiempo, pudo apagar la hoguera.
    La chispa luminosa del periodismo, la llama de la rebeldía, la complicidad en la pelea por una información menos mediatizada y más honesta, la apuesta por la gente menos escuchada.
    Los leoneses lo reconocieron. Perdonaron muchos errores porque sabían que sólo eran eso, equivocaciones. No fraudulentas operaciones de intercambio de información a cambio de dinero u otros favores.
    La fuerza de los lectores. Su confianza jamás traicionada a conciencia durante unos cuantos años. Algunas personas clave, fundamentales, como Julio Aparicio. Hasta que un par de fatuos o tres cuya estupidez sólo es comparable a los daños irreparables que produjeron en la credibilidad del periódico y en el tácito pacto de honestidad con los lectores empezaron a carcomer sin descanso el casco de un barco que para entonces ya había alcanzado alta mar y amenazaba el liderazgo del decano de la prensa leonesa.
    Es un día muy triste éste del último número de La Crónica de León. Pero a quienes han luchado hasta el último aliento contra el viento y la marea de la necedad humana por mantener el barco a flote, la hoguera encendida, y a quienes remamos y atizamos las brasas con ellos y tantos otros con el coraje de los templarios y la constancia de los mastines nos queda el imborrable recuerdo de haber participado en la conjura más hermosa.

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  26. Muchos personajes e historietas

    Por LOLO

    Durante dos años ilustré los artículos de opinión del que fue director de la Crónica, José Luis Estrada. Esta ilustración es un recuerdo-homenaje a él.

    Muchos personajes e historietas en estos 27 años. Muchos trabajos en solitario y otros en colaboración con otros amigos dibujantes que en aquellas épocas estaban muy vinculados a la Crónica. Keibol Blak con Martín, Después de al salir de clase con Diego Valor, Los Bochinches con Enrique López Lorenzana y mi favorito, TULIO… Una tira diaria durante 10 años ininterrumpidos:

    También muchísimas portadas de especiales. En este caso del especial de fin de año de 2011 dedicado al esoterismo y al horóscopo:

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  27. El cierre de La Crónica, una muestra más
    de la decadencia socioeconómica de la provincia

    Por JESÚS EGIDO

    El cierre de La Crónica de León es una muestra más de la decadencia socioeconómica de la provincia desde su incorporación a Castilla, por lo que recomiendo a los habitantes de León que comiencen a plantearse la necesidad de echar a sus políticos al Sil o al Bernesga por donde más cubre.
    Siento la desaparición de un medio de comunicación que no sólo ayudé a crear. También cometí su primera gran errata. El día de la inauguración, con el alcalde, presidente de la Diputación, gobernador civil e imagino que hasta obispo rodeando la rotativa, hubo que parar máquinas porque en al titular principal de primera le faltaba un cero. Me lo había comido yo. El presupuesto municipal para ese año se reducía a 500 millones por mi torpeza.
    No sé cómo es o era La Crónica de hoy. Recuerdo que durante mi primer verano en Diario 16 de Madrid, un becario se lamentaba por tener que hacer prácticas en uno de los grandes periódicos nacionales debido a que se las habían negado en La Crónica. El ingenuo, inconsciente de que la sección donde él iba a practicar tenía mayor plantilla que la de todo el periódico de León que tanto admiraba, hablaba de La Crónica como si se tratara del The New York Times. Espero haber tenido una pequeña parte de culpa de ese mérito.
    En fin, mis recuerdos de aquel periódico son de juventud, mucho trabajo y un esfuerzo sobrehumano por intentar que un diario pequeño y pobre ofreciera la misma calidad que uno nacional grande y rico. También son recuerdos de libertad, de investigar muchos caminos, de hacer muy buenos amigos.
    Pero sobre todo, ahora que cierra, en lo que más pienso es en el periodista que más he admirado desde siempre, el mejor que he conocido, mi maestro desde que a los veinte años entré a trabajar un verano en prácticas en el Diario de León: Mauricio Peña de Haro.
    Lo más importante que yo sé de esta profesión lo aprendí de él, subido a su Renault 8 destartalado y comprobando cómo robaba siempre la mejor foto con una cámara rusa que pesaba como una maleta y era lenta como un buey.
    Mauricio me enseñó a ofrecer la mayor calidad, a estar en todos los sitios, a no tener miedo a contar las cosas. Aprendí de él que las fotos hay que publicarlas a tres columnas para que se vean, que es mejor dar una buena que dos malas y, sobre todo, que hay que intentar ser lo más libre posible y no tener miedo, porque como te atrapen o te atemoricen estás perdido.
    He trabajado con muchísimos fotógrafos. Algunos son buenos amigos míos e, incluso, todavía mantengo contacto con alguno de ellos. He conocido y compartido redacciones con cientos de periodistas, algunos muy conocidos, otros menos y los más absolutamente anónimos. jamás he encontrado un profesional mejor que Mauricio Peña de Haro. Igual, puede.
    La honestidad, el pundonor, la calidad y el esfuerzo constante de Mauricio han sido para mí el ideal a seguir. Creo que nunca se lo he dicho y aprovecho ahora para hacerlo, aunque no le sirva de nada.
    En la primera Crónica, la inaugural, la mía, un reducido grupo de compañeros fue bautizado en lenguaje teleñeco por Verónica Viñas. Ella era la Srta. Piggy; Rafael Blanco, Foxy; Mauricio, Gonzo y yo Kermit. Una cerda, un oso, un mosquito o moscarda y una rana.
    Pues Gonzo, con sus quejas constantes, su cabeza siempre mirando al suelo y ronroneando porque trabajaba mucho, cobraba poco, dormía menos y, encima, no podía llegar a todas partes, era el mejor. En una época donde apenas teníamos maestros, él fue el profesional que yo necesitaba para entender el oficio. La Crónica puede cerrar, pero no sé si la prensa en general, y León en particular, pueden prescindir de un profesional de la calidad de Mauricio Peña de Haro.

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  28. Más pobres

    Por JOSÉ LUIS PRUSÉN

    Las despedidas siempre dejan un regusto amargo. Hoy toca lamentar el final de la andadura (ojalá que sólo sea un paréntesis) de La Crónica de León, aquel periódico vitalista y comprometido que desde 1986 incorporó su voz al relato de la actualidad leonesa y abrió un nuevo cauce de expresión para que los ciudadanos de esta tierra pudieran hacerse oír en un debate necesariamente plural y constructivo. En esta jornada triste, permítanme proponerles que aparquemos los lamentos y brindemos por los lectores que depositaron su confianza en el periódico y compartieron su forma de observar, interpretar y narrar la realidad que les concierne; por quienes empeñaron tanto entusiasmo profesional y tantas ilusiones personales en la construcción de un proyecto siempre exigente, pero siempre estimulante; por el periodismo veraz, riguroso y responsable que La Crónica practicó sin reservas y no pocas veces contra viento y marea; por los anunciantes que encontraron en esas páginas un soporte adecuado para la promoción de sus negocios; y, en definitiva, por la sociedad leonesa, principal damnificada por el empobrecimiento que supone la pérdida de un medio de comunicación que se entregó a su servicio sin reservas y que mañana –¡qué lástima!– no acudirá a la cita en los quioscos que ha venido manteniendo, puntual y diligente, desde hace más de veintisiete años.

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  29. Ladrilleros

    Por CARLOS SUÁREZ GONZÁLEZ

    Tuve la suerte de vivir el nacimiento de “La Crónica”, formé parte de grupo inicial de redactores y pude ver cómo se fue creando de la nada.
    Recuerdo especialmente los primeros meses, entre principios de enero de 1986 y el 1 de marzo, antes de que el periódico saliera a la calle: el idealismo, el entusiasmo, la entrega de una redacción de recién titulados —entre ellos amigos que conservo y una pareja que aún me soporta— empeñados en sacar adelante un periódico nuevo. También recuerdo maquetar a ciegas con el Edicom 3000, apuntando en un papel las coordenadas de los corondeles o los recuadros por que el sistema no permitía aún ver en pantalla lo que ibas montando; la “intimidad” de la sala de filmadoras y las noches de farra en el Alce al salir de trabajar: catorce horas de trabajo, cuatro de copas y apenas seis de sueño, porque era un sueño que merecía la pena hacer realidad.
    Sin embargo todo cambió enseguida. Días antes de la salida del primer número de “La Crónica” (el 1 de marzo de 1986), el Consejo de Administración lanzó una especie de OPA hostil sobre parte de la redacción de “El Diario de León” e incorporó a cerca de la mitad de la plantilla. La primitiva redacción en pleno interrumpimos una medianoche una reunión del Consejo de Administración para protestar indignados. Supongo que pensábamos que no confiaban en nosotros, que estaban traicionando el espíritu original… En cualquier caso, ya en ese momento supe que nada sería lo mismo; de hecho duré solo cuatro meses más, aunque me dio tiempo a pasar por tres directores distintos (Félix Pacho, Tucho Calvo y Benigno Castro).
    Entonces éramos jóvenes e idealistas, estábamos convencidos de que otro periódico en León favorecía la libertad de expresión y el pluralismo, fomentaría el debate y la publicidad y la venta de ejemplares quizá haría ricos a sus dueños. Pero esa no había sido la razón por la que había nacido “La Crónica”. Se trataba en realidad de un arma en una pelea entre ladrilleros a los que el periodismo y la comunicación les importaba un carajo. Un grupo de constructores no-demasiado-ilustrados había decidido crear un periódico —incluido comprar parte de la plantilla de la competencia— para tener un medio con el que promocionar o hundir alcaldes o cargos públicos a su conveniencia y conseguir así recalificaciones, licencias, concesiones, obras… y arrancárselas, claro, a los ladrilleros de competencia.
    Han pasado 27 años. Desde entonces he vuelto a oír hablar de alguno de aquellos distinguidos miembros del Consejo de Administración —de Martínez Núñez por el presunto intento de asesinar a Xosé Cuiña o de su hijo Martínez Parra por su, supongamos que supuesta, implicación en la trama Gürtel—. También de ladrilleros de la competencia, como Ulibarri, también curiosa y supuestamente interesado financiador ilegal del PP. Esa es su estatura moral. Es raro que el agua pestilente del fondo de reptiles tardara tanto en empezar a oler. Jugaron a empresarios de prensa para, en realidad, defender intereses bastardos. Ahora su juguete ya no les funciona. Poco les importa que 30, 40, 50 trabajadores os quedéis —os hayáis ido quedando— en la calle. Para vosotros todo mi apoyo. Para ellos, el desprecio que se merecen y —en estricta justicia— la cárcel.

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  30. Yo también soy de La Crónica

    Por ÁNGELA DOMÍNGUEZ LÓPEZ

    Llegué a León con una maleta y un collar de perlas para pasar el verano de 1986, y han pasado tantos inviernos.
    Era una oficina angosta, recién estrenada, fragmentada en peceras, con olor a plástico y tinta, de ordenadores enormes y relucientes, y gente demasiado joven, pero tan apasionada.
    —¿Aceptáis estudiantes de prácticas?
    —Creo que sí, otra cosa es que superemos este verano…. –me dijo la chica morena de centralita, que ya no es morena ni está en la centralita–.
    Pero, claro, que pasó aquel primer verano, y otros muchos con una intensidad inolvidable.
    La Crónica nació herida, como una criatura débil, hija de la ambición y la rabia, que no del amor ni de la ilusión que brotaba de aquella primera plantilla.
    Y, sin embargo, llegó a ser hermosa, valiente, brillante, aguerrida, sabia… Y si acaso siempre herida.
    Crecimos entre la torpeza entintada de nuestras primeras páginas. Ensayamos un periodismo único y fértil en alianzas editoriales. Rompimos las enmohecidas fronteras de León. Nos juramentamos con un lector exigente y ávido de verdad, crítica y futuro. Giramos en el torbellino de una verdadera revolución de la prensa local hacia la modernidad. Sentimos el vértigo de la juventud en tantas horas de trabajo y en tantas noches de lento amanecer. Aprendimos este oficio que es veneno y ambrosía. Y así transcurrió la vida.
    A dos cajas, que aún permanecen cerradas en el alpende solitario de un jardín desde 2008 –el principio del fin–, quedaron confinados mis años de La Crónica. Nunca las he vuelto a abrir, posiblemente porque allí no hay nada, sólo cosas envueltas en penas y nostalgias, y La Crónica, mi crónica, era vida que aún late en mí.
    Fuimos academia, sala de billar, pisos compartidos, cervezas de madrugada, amistad e intrigas, historias surrealistas, locuras de cualquier edad, sueños frustrados, utopías realizables y gente, buena gente ahora dispersa en este tiempo de éxodo y naufragio.
    Cierran La Crónica quienes nunca entendieron que ella nació muerta y que sólo volvió a la vida por el alma joven, que otros le insuflaron.
    Cierran La Crónica quienes fueron necios en su alumbramiento y miserables en su defunción.
    Cierran La Crónica como si eso fuera posible… ignoran que aún pervive en mí y en ti.
    Corazón.

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  31. Con toda la alegría del mundo / Con toda la tristeza del mundo

    Por AMPARO MARTÍNEZ

    Con toda la alegría del mundo. Así estábamos Ángela Domínguez y una servidora a finales de julio de 1986, hace 27 años. Acabábamos de ‘ingresar’ en La Crónica de León como redactoras en prácticas –‘becarias’, que se dice ahora– y nos encomendaron el suplemento especial de las fiestas de Trobajo del Camino. Allá que fuimos, bolígrafo en mano y felices: el sueño de ser periodistas empezaba a ser realidad.
    A partir de ese momento, mi relación con La Crónica duró unos cuantos años en los que el aprendizaje fue constante y valioso gracias al talento y al compromiso con el que día a día han trabajado los estupendos profesionales y mejores amigos y amigas que han pasado por este periódico. Ese entusiasmo que teníamos todos en la Redacción, en los Talleres y en la Administración por hacer una publicación digna, competitiva, moderna… nos compensaba ‘espiritualmente’ del raquítico salario que recibíamos la inmensa mayoría.
    Con toda la tristeza del mundo, hoy veo cómo se cierra La Crónica de León y cómo se desbarata una empresa que no sé si sus dueños han querido o sabido cuidar con la misma ilusión que lo hemos hecho los trabajadores.

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  32. Galopada juvenil

    Por RAFAEL BLANCO FERNÁNDEZ

    La galopada juvenil que nos llevó a La Crónica en los siete caballos de la ilusión mencionada entonces con título de película (el recordado Benigno y los también magníficos Óscar, Jesús, Mauricio, Lolo y Pin fueron compañeros de viaje) acabó siendo, más allá de una locura de juventud, una experiencia periodística fantástica. La generación que rompió el anquilosamiento informativo de esta provincia acabamos encontrando en aquellas elementales instalaciones y en los turnos para usar los terminales informáticos un refugio para la avidez, la imaginación y la valentía periodísticas. Pero también una guarida personal porque el periódico no era un lugar de trabajo, sino de encuentro: la razón por y para la que vivíamos. Eso es lo que nos queda en la memoria. Y ese recuerdo no nos lo cierra nadie.

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  33. Una hermosa utopía

    Por VERÓNICA VIÑAS

    En la Universidad te llenan la cabeza de utopías. Es cierto que sin los sueños la vida sería insoportable, pero los periodistas, acostumbrados a hacernos eco de las desgracias y reivindicaciones ajenas, olvidamos las miserias propias. En la facultad se ensalza la nobleza de una profesión que busca la verdad -¡qué gran mentira!- y la independencia –¡qué quimera cuando los periódicos se crean con los más diversos propósitos!–.
    Recuerdo la decepción que sentí la primera vez que tuve en mis manos La Crónica. El nuevo periódico te dejaba, literalmente, las manos negras. Rezumaba tinta, tenía una maquetación antigua y algunas secciones nacían condenadas al fracaso. A las pocas semanas me incorporaba a la redacción; primero, de prácticas –acababa de terminar la carrera– y, finalizado el verano, ya en plantilla. Un día en un periódico es una vida entera. Alguien acuñó en algún momento la nefasta definición de que un periodista es una persona que sin saber de nada es capaz de hablar de cualquier cosa, lo cual no deja de ser cierto. Por ello, es quizá la profesión en la que es más fácil equivocarse. En aquella primera plantilla de La Crónica, repleta de jóvenes cargados de sueños predominaba el deseo de informar con libertad, con el mayor rigor y ejercitando la crítica. Es complejo saber por qué unos periódicos resisten tempestades y otros naufragan al primer soplo de viento.
    Para mí, La Crónica fue mi primer laboratorio, una escuela de verdad, donde aprendí casi todo lo fundamental de un puñado de excelentes compañeros y también el lugar donde se derrumbaron muchos de los preceptos aprendidos en la Universidad, porque el mundo real es más difícil y complicado que la teoría de los manuales que se estudian en las facultades. Como dice Enric González en sus ‘Memorias líquidas’ “los trabajadores no debemos encariñarnos con las cabeceras porque pertenecen a las empresas y las empresas no tienen sentimientos. Pero uno olvida esas cosas. Aunque sean obvias”. Durante 27 años La Crónica ha luchado con los vientos en contra. Los primeros ejemplares manchaban, pero será peor cuando no sea más que la huella invisible del pasado…

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  34. Nos cierran la escuela

    Por ISABEL BARRIONUEVO

    25 años después, lo que más recuerdo es lo mucho que aprendí, todo. Y, como en todas las escuelas, haces amigos de los de verdad. Además, en La Crónica de León libramos muchas batallas e hicimos mucho periodismo. Gracias a los que habéis aguantado hasta el final.

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  35. Periodismo valiente

    Por JESÚS TUREL

    Alegría, energía y entrega incondicional. Estos eran los ingredientes de la redacción de La Crónica desde su fundación. Recuerdo la reunión con Félix Pacho antes del lanzamiento. Fue la primera lección magistral que recibí. Empezábamos el día desayunando juntos y lo acabábamos tomando copas juntos. Las jornadas eran interminables, pero nadie se quejaba. Cada exclusiva era un triunfo colectivo. En la entrada, Nuria del Camino López Ponga simbolizaba los valores de un fabuloso equipo de jóvenes apasionados. Dentro, el talento era efervescente. Muy pocas veces he visto a tantos cracks juntos. La música de Carlos del Riego, el cine de Joaquín Revuelta, el arte de Camino Sayago, las viñetas de Lolo, Iñaki Iraburu, Julio Cerezo, Emilia Marcos, Carlos Suárez, Pedro Santa Brígida, Isidro, las chicas `teclistas’… y luego Mauricio Peña, José Ramón Bajo, Alberto Díaz Nogal, los libros de Pastrana, Egido, Campillo… Comarcas, El Bierzo, Deportes… Seguro que me olvido de muchos, pero sección por sección, persona por persona, desde la administración (Mercedes) a la rotativa (Julio), era un placer relacionarse y aprender de unos profesionales que compensaban su corta experiencia con un entusiasmo contagioso, desbordante. Ignoro los motivos reales del cierre de La Crónica, pero hoy es un día triste para todos los leoneses y para todos los que formamos parte de una plantilla inolvidable. Cuando cierra un periódico, todos perdemos libertad. Ánimo y un fuerte abrazo, queridos amigos, y ojalá que el tiempo y los vientos os sean favorables para seguir disfrutando con ese periodismo valiente que siempre caracterizó a La Crónica desde aquel invierno del 86.

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  36. La vocación de mi vida

    Por ISAAC G. TORIBIO

    No volveré a trabajar en un periódico. De hecho, si yo fuera el propietario de alguno nunca dejaría que un tipo como yo trabajara en él. Primero cerró La Hora Leonesa, en la que empecé a publicar críticas de arte con apenas 21 años. Después trabajé en La Crónica, que hoy cierra, y, cuando dejé La Crónica en 1989, en el Independiente, también desaparecido. O sea, que mejor no me contraten, señores propietarios de periódicos.
    De todos ellos, La Crónica fue el que realmente cambió, para bien, mi vida. Allí supe que la de informar iba a ser la vocación de mi vida. Allí vi y usé por primera vez un ordenador. Allí aprendí de profesionales de la talla de Óscar Campillo, Chencho, Benigno Castro, Nacho, Julio Cerezo, Pedro Santa Brígida, Ángela Domínguez, Eloísa Otero, Mauricio Peña, Cundi… Y allí conocí a Nati, la “jefa”, a la que debo nada menos que todo. No volveré a trabajar en un periódico porque ya no hay periódicos como La Crónica, que te cambian la vida.

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  37. Un adiós a 27 años llenos de buenos recuerdos

    Por NURIA LÓPEZ

    Me pide mi amiga Camino Sayago unas líneas en el último día de publicación de “La Crónica de León”. Hoy es un adiós a 27 años llenos de buenos recuerdos que durarán toda la vida, me quedo con lo mejor de todas las personas que he tenido la suerte de conocer durante esta estupenda etapa y que muchos hoy forman parte de mi vida, no me quiero olvidar de los que nos han apoyado incondicionalmente durante estos años, los clientes, hoy algunos grandes amigos.
    Aunque hoy no sea un buen día, la ilusión continua. Guardaré los buenos recuerdos con cariño.

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  38. Se nos cierra otra puerta a la libertad de expresión

    Por MARÍA TORAL

    Iba a decir que parece que fue ayer mi primer día de trabajo en La Crónica… Y así es en mi recuerdo… Corría el año 89 y tuve el orgullo de formar parte del equipo de publicidad, Con Nuria, Camino y José Antonio… Podría recordar muchos días y momentos, pero lo que más recuerdo fue el buen entorno y compañerismo que se respiraba, trabajábamos con empeño para que todo fuera cada día mejor, algo de lo que se encargaba maravillosamente Óscar. La alegría de que un periódico nuevo fuera prosperando y ocupando un lugar en León y provincia y lo consiguieron todos los que han formado ese gran equipo profesional… el equipo humano consiguió que fuera una familia unida a seguir con ese proyecto inicial. Siento tremendamente el cierre de La Crónica, no solo por haber formado parte de ese equipo, sino por lo que perdemos todos los leoneses… Se nos cierra otra puerta a la libertad de expresión… En mi corazón siempre existirá LA CRÓNICA y los amigos que de allí salieron, Un abrazo a todos.

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  39. Otra lágrima que se pierde en la lluvia

    Por MIGUEL ÁNGEL MARTÍN

    Fui colaborador asiduo de La Crónica de León desde su inicio y durante más de 10 años. En este periódico me curtí como dibujante, haciendo de todo: tiras de “continuará” como “Keibol Black”, auntoconclusivas como “Kyrie, Nuevo Europeo”, chistes, ilustraciones y alguna caricatura. Y en él hice buenos amigos como el gran periodista Jesús Egido, que hoy es mi editor: Rey Lear/Reino de Cordelia, Benigno Castro, Oscar Campillo o el dibujante Lolo con el que compartí momentos gráficos inolvidables y aventuras por toda la provincia leonesa. Otra lágrima que se pierde en la lluvia.

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  40. Un triste silencio

    Por JOAQUÍN S. TORNÉ

    El cierre de cualquier medio de comunicación es una noticia triste porque conlleva un empobrecimiento de la Democracia. No en vano, la labor de los periodistas, muchas veces mal entendida y otras hasta denostada, es precisamente garantizar la supervivencia de esa Democracia a través del control que ejercen sobre los gobernantes y frenar en la medida de lo posible los abusos que se cometen utilizando torticeramente el nombre del Estado. La pluralidad de opiniones, las distintas visiones de los acontecimientos y de sus consecuencias enriquecen a una sociedad y en este sentido no cabe otra cosa que lamentar el adiós de La Crónica de León tras veintisiete años de vida. Como profesionales del periodismo no cabe por tanto otra cosa que mostrar preocupación. El cierre de La Crónica de León tiene además para mí, como para todos los que comparten estas páginas, un componente de tristeza personal porque no sólo fue el lugar en el que comencé mi carrera profesional sino también porque grabó de manera imborrable una forma de entender el periodismo, un viaje permanente en busca de la verdad. A mí como a otros muchos nos enseñó a contar las cosas con pasión y con objetividad y así lo seguimos haciendo cada día. Escuela de periodistas, La Crónica de León deja un hueco muy importante en la sociedad leonesa y es justo reconocerlo y agradecerlo hoy, personalizado en el apoyo a los profesionales que han llenado sus páginas hasta este triste 31 de julio de 2013. Un abrazo a todos ellos.

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  41. Escuela de periodistas

    Por PEDRO SANTA BRÍGIDA DE BARRIO

    Nunca olvidaré aquel 1 de marzo de 1986, el día que vio la luz el primer ejemplar de La Crónica de León, tampoco los meses previos de preparativos y nervios, ni por supuesto a mis compañeros de aquella maravillosa aventura. Ahora La Crónica cierra sus puertas, sus páginas, y un inmenso sentimiento de pena me embarga. Nunca es buena noticia el cierre de un medio de comunicación, es un síntoma de decadencia en cualquier sociedad que se precie de progreso y modernidad. Pero un medio de comunicación no deja de ser una empresa, donde los balances económicos resultan determinantes a la hora de encontrar viabilidad y futuro. No voy a valorar la gestión empresarial, de casi todos conocida, allá cada cual con sus responsabilidades, pero resulta frustrante ver como uno de los dos periódicos diarios de mi tierra echa el cierre por las enormes deudas acumuladas y ante una generalizada situación de crisis económica en nuestro país. Me quiero quedar con lo positivo de la breve historia del primer medio de comunicación escrito en el que tuve el privilegio de trabajar. La Crónica ha sido una gran escuela de periodistas, fotógrafos o técnicos de taller, por su redacción han pasado algunos de los profesionales más valiosos que ha parido León en las últimas décadas y a las pruebas me remito. La mayoría de los que iniciamos aquella aventura ocupamos hoy puestos de distinta responsabilidad en lugares tan dispares de la geografía española como Madrid, Baleares, Andalucía, Galicia o León. Casi todos hemos salido adelante y hemos sido capaces de vivir más que dignamente con los salarios que nos hemos ganado con el trabajo, con el esfuerzo y con el amor a esta compleja profesión. En su corta vida, La Crónica de León ha tenido momentos memorables, exclusivas de ámbito nacional, artículos y fotografías merecedoras de prestigiosos premios, visitas de personalidades ilustres del mundo de la canción, la literatura, el arte, el deporte o la política, etc. Entre las erratas, recuerdo aquel titular: “continúa en estado grave el minero muerto…”. Pero, sin duda alguna, lo más importante que ha pasado por La Crónica es su capital humano, las personas, y el ejemplo más gráfico de su valía es la plantilla que va vivir el cierre del periódico, ellos han sido capaces de hacer su trabajo a diario durante años, pese a los impagos y atrasos en las nóminas. Enhorabuena por vuestra labor, ha sido toda una lección profesional. Espero que algún día, de éste o de los próximos siglos alguna empresa periodística recupere la cabecera de La Crónica de León, no sería la primera vez que ocurre. Mientras llega ese momento, mi recuerdo para los compañeros de aquellos primeros años, mi reconocimiento para todos los que han pasado por allí y mi plegaria para una profesión que está pasando uno de los peores momentos de su historia.

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  42. Inmensa pérdida

    Por JAVIER CALVO

    Nada hay más doloroso que la muerte de un medio de comunicación. Con La Crónica se va una parte de la vida de León, de sus gentes y, por supuesto, una parte del empeño de los grandes profesionales que por su redacción han desfilado. Pervivirá su recuerdo y sus vivencias, pero su ausencia deja un enorme vacío, casi irremplazable.
    Se va La Crónica y junto a ella la ilusión, el empeño y el esfuerzo de quienes durante años han defendido el derecho a informar, el derecho a creer en la pluralidad, tan necesaria siempre, pero hoy más que nunca.
    Nos deja La Crónica y nos quedan sus vivencias. Poco consuelo para una pérdida tan enorme.

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  43. Mis últimas previsiones

    Por JORGE CALLADO

    Acabo de finalizar mis ultimas previsiones para mañana (30 de julio). Ya no habrá más previsiones. Ese obligado último trabajo antes de marchar para casa. Qué dolor, sobre todo para mí, porque cuando me ha tocado hacerlas, siempre he sabido que al día siguiente algo iba a pasar entre mis habituales despistes, una foto o una rueda de prensa olvidada, y lo más habitual, que se me olvidaran hacerlas con la correspondiente llamada matinal: “¿Jorgito?, ¿las previsiones?”. Es historia y ahora me toca atender a Sergio para no sé qué movida. Tengo que hablar de La Crónica. Este tipo de Salamanca siempre buscando la originalidad en todo. Está claro. Se infectó del virus de los currantes de esta casa.
    Voy al lío para que no me vuelva la cabeza loca. No sé que decir, pero he tenido una ayuda inesperada. Darío y Bea estuvieron ayer por el periódico. Estos dos periodistas se conocieron en unas prácticas allá por el año 1999. Además se gustaron y dieron el siguiente paso. Hubo rollito. Y fue tan bueno que decidieron hacer la locura. Se casaron y lo curioso de esta historia de amor es que el enlace lo realizó otro de nuestros chicos de la casa, Gaztelu, nuestro fotógrafo en el Bierzo que decidió probar fortuna en la política para hacer de casamentero. Funcionó y ahora esta pareja que se conoció en esta casa tienen una linda y maravillosa criatura de escasos meses.
    Eso ha sido La Crónica, amigo Sergio. Cada día comenzaba una relación entre el periodista y la noticia. Con el paso de las horas esa relación se hacía más intensa y más pasional. Y a lo largo de día se consolidaba. El cura que casaba esta pareja entre periodista y noticia era el resto de la gente de la casa que hace posible que salga este producto. Y al día siguiente daba a luz la criatura. Así todos los días durante 27 áños. Así ha vivido esta familia, con un aborto inesperado cuando se inundó la rotativa en nuestra anterior casa y no pudo ver la luz la criatura y otro más doloroso hace poco tiempo, en diciembre, cuando durante tres días no hubo criatura para nadie por la desidia de una gentuza que nunca creyó en la pasión que siempre si vivió en esta casa entre todos los trabajadores y la noticia recién salida del horno.
    Amigo Sergio, esto ha sido La Crónica, una inyección continua de sensaciones por el amor y la pasión a una profesión. Por eso cada día de estos 27 años nos hemos sentido orgullos de cada criatura que hemos creado y de la que disfrutaron en mayor o menor medida nuestros incondicionales.
    Por eso creo que ahora voy a echar de menos no tener que hacer ninguna previsión más para el día siguiente. Porque hay una cosa clara, solo nos echamos de menos las cosas cuando las perdemos. Y este mensaje va destinado a todo el mundo, yo incluido. HASTA SIEMPRE.

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  44. Una historia que se desvanece

    Por JOSÉ MANUEL LÓPEZ

    Casi todos los periodistas que orbitamos por la elíptica del medio siglo hemos tenido un acomodo en la vieja escuela del Paseo de la Facultad. Entonces, en el último tramo de la década de los años 80, Campillo y Egido ya habían tomado las riendas de una historia que se desvanece casi treinta años después ante la indiferencia social y el silencio de la clase política. No sólo se cierra una ventana que arroja a la ciénaga a 30 familias. El portazo final, dentro de unas horas, escenifica un paso más hacia el mercado global del chascarrillo, servido al instante en los más avanzados sistemas de recepción.
    Siento que un tanto de todos los que formamos parte del repertorio se queda impreso en ese último ejemplar. Quiero pensar que es posible que de los rescoldos de La Crónica surja la llama de la nueva Crónica. Tal vez ha llegado el momento de tomar las riendas de nuestro futuro.

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  45. Música en el aire

    Por CAMINO SAYAGO

    No me gustan las despedidas. Y no me gusta decir adiós ni a La Crónica, ni a todos los profesionales que han pasado por este periódico, para mí inolvidable. En mi memoria ha quedado impreso el primer día que desembarqué en este islote de palabras e imágenes, de la mano de Iñaki Iraburu: julio de 1987. No conocía a nadie en León, venía de Oviedo, donde me había puesto las pilas en este oficio Xuan Cándano, y en muy poco tiempo descubrí que no me había equivocado de lugar. Había pasión, ilusión y un entusiasmo natural por contar lo que sucedía en esta pequeña ciudad de provincias. Y eso no pasa desapercibido. Vamos, que me di cuenta, como en la serie de televisión “Twin Peaks” de David Lynch, de que había algo más: Música en el aire.
    Y la música me envolvió para hablar de arte. En la sección de cultura todavía no estaba Fulgencio Fernández, llegaría poco más tarde, sí en cambio Isaac G. Toribio, que coordinaba la sección en la que estuve bastantes años compartiendo acontecimientos con Carlos del Riego y Joaquín Revuelta.
    No puedo ni obviar ni relegar a un segundo plano esta experiencia, porque en esa atmósfera viví la mejor etapa de mi vida. Con un montón de compañeros, ahora amigos, como Oscar Campillo, Jesús Egido, Nuria López, Jesús Turel, Pedro Santa Brígida, Lolo y Martín, que es como mi hermano, a los que más tarde se añadirían Juanjo Valverde, Violeta Oria y José Manuel López, que hoy, después de tantos años, es mi incansable compañero de fatigas. Por eso no voy a decir adiós, sino hasta luego, porqué no pueden desaparecer así como así los sueños ni la música de esta historia que fraguamos entre todos.

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  46. La gran escuela llamada La Crónica

    Por JUAN DANIEL RODRÍGUEZ

    Verano de 1988. Un cuarto de siglo desde que nueve prácticos nos iniciábamos en la profesión periodística en la gran escuela que ha sido La Crónica de León. En la vieja e inhumana sede del Paseo de la Facultad, 53, recuerdo esas reuniones de redacción a las 11 de la mañana con todo un maestro como era el Gran Oscar Campillo Madrigal. Ocho chicas y yo, el Juanda, tomábamos contacto con esa droga buena, el periodismo, que nos engancharía ya para siempre. La mitad de aquellos diez ‘pardillos’, ‘mozalbetes’, ‘pipiolines’ se han desentendido de juntar letras, y el resto andamos sorteando la crisis de los medios de aquella manera. No quiero caer en el sentimentalismo, por eso prescindo de contar lo que ha supuesto este periódico para mí, pero no me resisto a agradecer a toda la gente buena, profesionales como la copa de un pino, que me marcaron el camino en el 88, el 89, el 90 y hasta 2002 que abandoné el barco porque entendí que entonces el rumbo de La Crónica había virado de forma peligrosa capitaneado por el desaparecido J.L. Estrada quien tomó el testigo del riojano José Luis Prusén, instalados ya en la digna sede del Polígono X. Dos años pasaron hasta que me enrolé en la aventura del gratuito Gente en León con el tío Jota desde donde cada viernes me asomo a un público fiel como pocos. Dios, la de personal que pasó por La Crónica entre prácticos y no prácticos, entre redacción, taller, publicidad o administración. Muchos, buenos, buena gente.
    En la historia de este periódico maltratado quedará marcado el equipillo de fútbol sala que teníamos, que jugábamos cada martes y jueves de 3 a 4 de la tarde en el Estadio Hispánico y por donde pasaron craks como Fulgencio, Robertín, Javi Calvo, Paco Balbuena, Joaquín S. Torné, Campillín, superLolo, Uribe, Fernando Pollán, Pablito, Javitín, Gelín,… comida fugaz de bocata o ración en el bar Los Ángeles y a currar otra vez hasta que San Juan bajaba el dedo, lo que nos llevaba directamente a Lancia a tomar unas copichuelas. Juventud, lo que aguantábamos, y cómo liberábamos tensión en la cancha… Y cada x partidos, cena con las chicas que estaban apuntados a uno u otro bando. Cómo olvidar la entrada que me hizo Fulgencio que me quebró las dos muñecas y con las vendas viajé a México para hermanar a León con Puebla, viaje inolvidable con Carrasco, Totoño, Amilivia… con quien compartí un plato de gusanos fritos junto a la Plaza del Zócalo de DF que le dieron una cagalera al entonces alcalde de León… ‘La venganza de Atagualpa’, pero cagalera al fin y al cabo.
    ¿Qué cierra La Crónica? No saldrá el periódico a la calle, pero hay cosas que no se cierran nunca, sobre todo la escuela dónde más has aprendido en la vida y has conocido a personas más interesantes. Eso deja una huella imborrable. Yo seré Crónica hasta que me toque ir a criar malvas.

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  47. Lástima que haya que morirse para que te digan todas estas cosas, La Crónica no estaba muerta utópica, llevaba mucho tiempo de parranda.

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  48. Gracias Nacho veo que por aquí también has ido colgando el trabajo tan bueno que han hecho desde TAM TAM PRESS, menudo curro chaval.

    Ánimo a todos

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  49. ¿Quién contará la historia a partir de ahora?

    Por CARMEN MORENO

    A medida que el tren devora los kilómetros en esta noche de julio en que me encamino hacia nuevos proyectos van aflorando nombres y caras. Algunos están vívidos en la memoria. Otros se diluyen y aparecen en retazos de conversación. Pero todos forman parte ya de esta vida que nació a la profesión bajo unas siglas ya silenciadas: La Crónica de León. A veces con el 16 en la cabecera y otras con la bola del Mundo. Pero siempre La Crónica.
    Lo que soy y seré se gestó allí. Entre las cuatro paredes de aquella redacción situada casi en el palomar de Lazúrtegui y después junto a la plaza de toros, donde la raza y el trapío se mascaban.
    Fueron tiempos difíciles pero apasionantes. Donde todos éramos más jóvenes y más ingenuos. Más bravos y aguerridos. Y menos dóciles.
    Ahora, cuando se baja la trapa y se concluye un tiempo aciago y agónico solo me pregunto cómo se contará a partir de ahora la historia de León y quién la contará. Mataron la pluralidad y la ausencia de diversidad nos empobrece y elimina la rebeldía.
    Pero a pesar de todo y de todos, toca mirar hacia adelante, tomar aire, pisar fuerte y gritar: yo también soy de La Crónica. Y el tren sigue avanzando. Pero ya siempre le faltará una estación.

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  50. 27 años y cinco meses de periodismo moderno, atrevido e innovador

    Por JOSÉ RAMÓN BAJO

    Han sido 27 años y cinco meses de periodismo moderno, atrevido e innovador. Pero también de derroches, de nombramientos caprichosos, de favoritismos, de injusticias… y de un sinfín de despidos sin sentido que fueron descapitalizando a un periódico que ha dejado huella en la provincia de León. La ruptura con El Mundo fue el estoque final. Los empresarios no han sabido rodearse de directivos periodísticos, buscando más el perfil de gestor económico que fuera capaz también de “buscar obras y chollos” para la empresa madre.
    La cosa empezó mal –retrasando la salida varias veces, cambiando al director en apenas un mes, buscando alianzas de lo más extrañas y creando staffs de periódicos de Madrid– y terminó peor… Porque no hay nada peor que el cierre de un periódico, su muerte, envuelto en deudas y embargos, con nóminas sin pagar…. Ya lo dice el refrán, lo que mal empieza,… mal acaba. Y La Crónica de León no iba a ser una excepción. Cuatro directores en prácticamente el primer año de vida (el cuarto fue Óscar Campillo, que estuvo al frente más de once años, de 1987 a 1998) hablan por sí sólo del desastre de gestión. Después sólo otros tres directores más, pero con una etapa horrible en tiempos del ‘DJ’ J.A.o Pérez, un director general que anulaba al director (el desparecido José Luis Estrada, q.e.p.d.) y cuya soberbia le llevó a firmar la sentencia de muerte de La Crónica al separarse de El Mundo. La viví desde fuera, pero fue la peor etapa sin duda de un periódico experto en alianzas (antes estuvo con La Voz de Galicia y con Diario 16) y al que la crisis económica (sobre todo la de la construcción) le quitó su último aliento de vida.
    En mi corazón siempre habrá un gran recuerdo para un periódico en el que participé en su fundación y donde estuve 13 años, 3 meses y algunos días –toda la etapa del Paseo de la Facultad, 53, pasando por los puestos de redactor, jefe de Comarcas, Redactor Jefe, Subdirector y Director Adjunto e incluso coordinador de Deportes–.
    La Crónica de León nos deja en plena juventud y con todavía muchas cosas que contar… Pero la vida sigue…. Ánimo a todos aquellos que se quedan sin trabajo. No es el mejor momento para iniciar nuevos proyectos, pero lo importante es poder contarlo.
    Un abrazo a toda esa gran familia de La Crónica formada a lo largo de más de 27 años de alegrías y de alguna que otra pena.

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  51. Lección de maestría

    Por ROSA M. MARTÍN
    Quienes trabajamos en La Crónica de León –y yo tuve la suerte de hacerlo entre 1991 y 1994– temíamos por la supervivencia del periódico desde el primer día. Pero siempre, ligada, una esperanza. No porque económicamente las cosas fuesen bien o mal, eso en las empresas periodísticas que forman parte de un conglomerado empresarial marcado por la construcción no es ni importante ni relevante. El capricho de quien manda puede poner el candado cualquier jornada. Pero La Crónica era especial, y llamada a resistir, porque sus profesionales así la hicieron desde el primer al último día. La lección de maestros que allí recibimos todos los que escribimos en sus páginas no venía, desde luego, desde arriba. Era horizontal y alargada (a todos nos dura aún la impronta de crónicos) como larga era la sede del Paseo de Papalaguinda. Allí los maestros eran esos compañeros que nunca dudaban en tender una mano en forma de crónica cuando no podías más (Fulgencio Fernández), el que restaba importancia a todo pero que sabía lo que era esencial en cada momento (José Ramón Bajo, Jota para todos), quien te decía dónde debías mirar al llegar a un suceso o a una visita ministerial (Mauri o Cundi), quien te apuntaba lo que habías olvidado en tu noticia para hacerla legible y entendible (Óscar Campillo, Roberto Fernández, Javier Calvo, Joaquín Torné, Anabel Martínez o Daniel Álvarez). Compañeros. Mis primeros maestros y quizá, por ello, los mejores y los que más me ayudaron y enseñaron. Al dolor que nos atrapa ahora porque cierra La Crónica se une el dolor por saber que León pierde otra de sus referencias, y van tantas que el padecimiento se ha hecho crónico en esta ciudad, nos ha anestesiado y callado. La Crónica nos hizo falta siempre –a los lectores, a las instituciones, a los otros medios de comunicación y a los periodistas–, y, lo que es más triste, nos hará mucha falta ahora y en el futuro… cuando ya muchos no quieran ni acordarse de ella.

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  52. Entonces

    Por SUSANA VERGARA PEDREIRA

    Por aquel entonces, yo intentaba descifrar esto de hacer periodismo. En ello sigo. Por aquel entonces, los periódicos olían a tinta, se ‘cantaban’ las noticias, los teléfonos eran fijos, casi nadie se escondía para sacar una exclusiva y los compañeros nunca eran la competencia. Por aquel entonces, yo nunca había tenido un sueldo. Ni un empleo. Ni más horizonte que las siguientes 24 horas. Era cuando tomaba aspirinas todos los días. Y Coca-Cola y café y nicotina. Fue entonces cuando entré en aquel despacho de la planta de arriba. Tardé un par de minutos en que me hicieran sitio en la mesa de redacción y algo más en firmar un contrato, seis meses en tener el primer fin de semana libre y un instante en comprender que ya no habría nada más. Allí estaban Óscar Campillo y Jesús Egido, Victoriano Crémer, Pérez Chencho y Luis Pastrana. Trapiello y Fulgencio. El Mauri y Cundi. Domínguez tramando anuncios y Jesús en administración. Había más, claro, pero la memoria se vuelve selectiva y recuerda ya sólo lo que quiere recordar. Perdón. Mi primer salario íntegro se fue a El Cairo, donde vivía mi hermana pequeña, recién llegada a aquella parte del mundo. Con el séptimo, y una propina, hice mi primer viaje. En aquella redacción de luz artificial y humo, de estrés y risas, de periodistas y camaradas descubrí a los maestros de esta profesión áspera y grandiosa que me atrapó para siempre. Aprendí a llegar tarde siempre con mucha prisa y a amar las palabras y su significado. A soñar con un titular y dormir con la pesadilla de un error. A buscar donde hay verdad. Periodismo. En ello sigo. Dicen que ya no habrá más crónicas de La Crónica. Que una parte del periodismo será silenciada en León. Que hay que escribir la palabra adiós. Y por eso, mi cabeza se vuelve a aquel entonces. Pero no pediré perdón.

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  53. “La Crónica estuvo ahí”

    Por ANABEL MARTÍNEZ

    Es difícil de expresar. Como si algo que has vivido se desvaneciera. La Crónica fue mi escuela. Aún no había acabado Periodismo cuando entré a trabajar en este rotativo. Primero de prácticas (unos años para aprender y hacer amigos) y luego en nómina. Aquellos mis primeros años los recuerdo como días de mucho trabajo, poco dormir y gratos momentos con la gran familia que éramos los de La Crónica, da lo mismo que fuera de León, 16 o del Mundo. Ante todo era La Crónica. Y ahora, cuando se acaba, no quiero perder esos recuerdos. Prefiero mantener una frase que explicaba que explicaba que siempre llegábamos a la noticia. “La Crónica estuvo ahí”. Y yo puedo decir con orgullo que yo también estuve ahí.
    Un abrazo para todos.

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  54. Estoy con ellos…

    Por JAVIER CUESTA

    … Y lo saben. Se lo he contado ya papel, que es (era, maldita sea) su medio de expresión. Ahora se lo repito en digital (y si hiciera falta también en plasma, como Mariano “el invisible”): estoy con ellos, con los compañeros (antes) y amigos (siempre) de La Crónica. Desde la nostalgia y el recuerdo, desde el afecto y la solidaridad, y también desde la rabia de poder hacer bien poco por ellos, mi apoyo, mi ánimo, mi abrazo y el deseo de que pronto tengan mucha suerte (o justicia).

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  55. Una ilusión

    Por JESÚS MARÍA CANTALAPIEDRA

    Y, un buen día, apareció “La Crónica”. Antes me había empapado de periodismo con mi propia familia; abuelo escritor, padre y hermano, periodistas. Cuando tuvo que ocurrir –para mí el milagro–, por esas cosas del destino, me vi conduciendo sendos programas semanales en Radio León y en la desaparecida Radio Cadena Española. Dos años más tarde, surgió ´nuestra` Crónica. Fui llamado por su segundo director, un periodista gallego que me había escuchado, transcurridos unos cuarenta días después de la aparición del ilusionante rotativo. Nueve años más tarde, a petición propia, coincidiendo con mi entrada en la política municipal, abandoné mis columnas y reportajes después de casi 2.000 colaboraciones. Era lo razonable, aunque pesaroso.
    Simultáneamente, trabajaba en un banco que Dios confunda. Y Dios cumplió con su deber años más tarde. En “La Crónica” me encontré a mí mismo y a quienes con los años iban a ser amigos sinceros. Buena gente a los que rebosaba el entusiasmo y la ilusión con el necesario proyecto. Ellos me dieron la oportunidad de, en plena libertad, digo con absoluta autonomía –jamás se me rechazó una gacetilla– desarrollar mi congénita afición por el periodismo activo. Opinión, gastronomía, entrevistas, relatos cortos, reportajes, críticas humorísticas a ciertos programas de televisión y un largo etcétera de variados trabajos, llegaron a convertirse en mi ocupación más querida y entregada. Incluso, en compañía de Jesús Egido, llegué a cometer alguna ´pillería`; lo que hoy han dado en llamar “periodismo de investigación”. ¡Qué mal lo pasé…! ¡Cuánto disfruté!
    De todos los profesionales que conocí durante aquellos años fantásticos –aunque que no se trataba de ninguna fantasía– aprendí todo lo que sé y pude asimilar de la hermosa profesión, hoy en muchos casos deteriorada por intereses mostrencos u otras razones no mencionables. Pero, no hay ilusión que cien años dure. En este caso, lamento profundamente la desaparición de ´mí` Crónica, dando las gracias a cuantos me ayudaron y deseándoles con toda sinceridad que el destino sea propicio con ellas, con ellos. Suerte. Para la ciudad de León, obligadas condolencias. Malgré moi, c´est la vie.

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  56. Cronista del pulso de una ciudad

    Por VIOLETA RODRÍGUEZ ORIA

    Corría el año 1992 cuando me incorporé como redactora en prácticas a La Crónica de León, en aquel entonces La Crónica 16 gracias al convenio establecido con el grupo editorial del mismo nombre. A pesar de que expresé mi preferencia inicial por la sección de Cultura, Óscar Campillo, director del periódico y artífice de sus mejores momentos, lo tuvo claro: “Tú, para la sección de Local”. Llevaba yo viviendo en León unos pocos meses y no tenía ni idea de lo que se cocía en la capital del Viejo Reino. No de muy buena gana me puse a las órdenes de la redactora jefe, Ángela Domínguez, y del subdirector, José Ramón Bajo, y me zambullí de pleno en la vida municipal: en su administración, en sus problemas, en sus planes de futuro, en su historia… Fue una época memorable y, mirando hacia atrás, me siento partícipe de la historia de una ciudad a la que llegué hace ya 22 años y que hoy siento como mía. Viví los gobiernos municipales de Juan Morano y Mario Amilivia, marcados muy de cerca por la oposición socialista de Ángel Villalba y de Miguel Alejo, por la leonesista de José María Rodríguez De Francisco y por aquel único concejal de IU que fue Joaquín González Vecín. Di detallada información de las obras que a finales de los 90 cambiaron la imagen de la ciudad: la peatonalización del casco antiguo, de la calle Ancha y del entorno de la Catedral, el encauzamiento del río Bernesga o la construcción del nuevo estadio de Fútbol. Escribí ríos de tinta sobre la supresión del paso a nivel del Crucero, anuncié las restauraciones de la Catedral y buceé en la historia de la ciudad tras el extraordinario hallazgo de los restos de la Legio VI junto a la Casa de Víctor de los Ríos. Por supuesto, en marcada competencia con los compañeros y compañeras del Diario de León, siempre en busca de la ansiada exclusiva o, simplemente, de la noticia más novedosa, más rica en datos, de mayor interés público.
    Porque La Crónica ha sido, o por lo menos yo lo viví así, una escuela de Periodismo, entendiendo como tal un periodismo profundo y documentado, donde tus jefes y tus compañeros y compañeras te enseñaban todos los días algo nuevo, donde te dejaban claro que cualquier noticia tenía que ser contrastada antes de su publicación y que cualquier tipo de censura es susceptible de ser “toreada” si se tiene el coraje necesario.

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  57. Pasa, que nunca echamos la tranca

    Por FULGENCIO FERNÁNDEZ

    Veintisiete años, 27 mujeres, por ejemplo. Humildad la de Socil, que me enseñó a preguntar cuando ella preguntó a los etarras que mataron a su hijo: “¿qué os estorba que haya gente en el mundo?”. Evangelina la de Los Llanos, que nada dobla a un cuerpo, por frágil que parezca, si tiene que alimentar a un hijo. Cisima, la de Correcillas, que se puede tener a media familia en una cuneta y, pese a ello, razonar orgullosa como “fue un fraile, el Padre Aniceto, quien nos libró del tormento de las visitas diarias de la guardia civil”. La recién fallecida Tomasa, que un día tras otro de duro trabajo es compatible con una noche tras otra de cantos y panderetas. La madre de Ubaldo y Felipe, que tenía tanta fuerza sobre ellos que sólo lucharon entre ellos una vez en la vida, para que los viera. La señora Sabina de La Uña, que se puede coger un barco sin saber a dónde va con tal de encontrar un futuro para Vicente, que tenía dos años. La Peñina, la primera taxista, que nadie atropella a la razón. Juana, de la llamada Patrulla del talco de Lillo, que una mirada suya es suficiente para dejar claro que a ella se la respeta. La carbonera Libertad, que aquello de que “las mujeres no trabajan en el interior de la mina” sólo era otra filfa de reticentes a la verdad. María la de Foncebadón, que ni el obispo puede quitar las campanas de un pueblo sin decírselo a quien vive en el pueblo y las toca. Juanita la de Pontedo, que se puede hacer realismo mágico sin necesidad de vivir en Macondo. Tina la de La Velilla, que si una no quiere un pantano lo escribe en su puerta. Catalina la de Cofiñal, la primera conductora de autobús de España, que se puede uno enfrentar al poder del rico con la razón del obrero. Faustina la maestra, que se puede y se debe dar de comer a los niños pobres con lo que les sobra a los ricos y para que todos sean iguales se les pone un delantal. Paquina Nieto, que se puede saltar de ser miss a ser guerrillera por ideas. Todas las que lo sufrieron me enseñaron que sólo hay una cosa que nunca supera una mujer, enterrar a un hijo, así sí se les acaba la vida y la resistencia, y Adriana enterró a tres y vivió para criar a los otros dos, el día que el pequeño encontró trabajo se murió. Se dejó morir…
    Así 27. Y 270. Y 2700…
    Sólo una, cada una de ellas, pagan (compensan) estos 27 años. 27.000 gracias por dejármelo contar. Por leerlo. Sólo os puedo hacer una cosa. Invitaros. Si no contesto, entra, nunca echo la tranca.

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  58. …Ellos son el periódico

    Por PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

    De La Crónica hay que salvar los principios, aquellos comienzos… y maldecir sus finales, por más que estuvieran anunciados desde el mismo momento en que el periódico se unció al carro y a los intereses de un constructor cuyos dudosos procedimientos (de dudosos, nada) han acabado en el desbarate general de su entramado empresarial… lo trágico e imperdonable es todo lo que se lleva por delante esta riada de incompetencia y delincuencia que aquellos días de negocios y políticos desembocaba en el lago de la abundancia: veinticinco años de historia, empeños voluntariosos, toda una generación de periodistas y técnicos que dejaron ahí su pellejo para ganarse hoy una vida truncada… ellos son el periódico… y la generosidad profesional que han venido demostrando es inédita. Durante ocho años grapé mi trabajo a esa cabecera y, aunque los finales me fueron especialmente decepcionantes, son muchísimos más los recuerdos buenos que los malos, sin duda, más las ilusiones periodísticas que las rendiciones… y la gente amiga y sincera que trabé en ese tiempo es la que siempre me movió a un profundo respeto por ese periódico y es la que, colocada hoy en la incierta suerte, me mueve a decir perrerías de quien lo ha sepultado, porque en realidad nunca quiso ser el dueño de un periódico, sino de un impermeable.

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  59. Un gran equipo

    Por ANA ROSALINA LÓPEZ

    No tengo memoria suficiente para recordar a todas las personas que, durante estos 12 años en La Crónica de León, pasaron por mi vida. Veteranos que decidieron cambiar su rumbo, compañeros que optaron por mejorar su calidad laboral y familiar, los más recientes que llegaron pisando fuerte y trabajando duro, los chicos y chicas de prácticas, llenos de ilusión y preguntas muchas veces difíciles de resolver… y esas conversaciones de última hora, cerrando el día, o las pequeñas pausas para tomar aire. Son muchas las personas y muchos los recuerdos. Y todo eso lo echaré de menos. Ya lo echo de menos.
    Echaré de menos aquella época en la que, estando en el Diario de León, envidiábamos a la gente de La Crónica, porque salían de fiesta todos juntos, todos jóvenes, todos con ganas e ilusiones infinitas. Era un gran equipo. No culpo a los que ahora se han alejado, estando dentro o fuera. Han sido demasiados los errores, las dificultades, los tropezones… Lograron enfrentarnos los unos a los otros, consiguieron que discutiéramos y que nos alejáramos… cuando la culpa, la verdadera culpa de lo que pasaba no era nuestra. Y nos dejamos llevar. Y otros aprovecharon la brecha para imponer sus ideas sin enfrentarse a un bloque unido de trabajadores decididos a no dejar morir el periódico en el que trabajaban. Y llegaron aquellos otros, con sueldos enormes, que no dejaron nada más que una cuenta corriente cada vez más vacía, aquellos que se atrevían a escribir cuando nunca lo habían hecho y que te pasaban el texto antes de enviarlo para mirar “que no hay ningún error, que no hay faltas de ortografía y que queda bonito”. Y todo esto ya auguraba un final nada feliz.
    Al principio trabajar por amor al arte. Después un contrato. Después, a la calle para no hacerte fijo (la nevera, lo llamábamos). Y llegaron los primeros recortes y las primeras promesas incumplidas. Sólo sería un ERE temporal. Luego fue extintivo y se llevó a muchos buenos profesionales y grandes compañeros. Nada cambió, siguieron las promesas, empezaron los impagos, amenazas, todos los días amenazas… Y al final quitamos el miedo al miedo. Y creo que al final fuimos más libres y pudimos trabajar con menos ataduras, pero ya era tarde. No se puede trabajar si no hay gente que trabaje. Una vez un alto directivo me preguntó: “¿Qué es lo que necesitáis?”. Y yo respondí: “Un fotógrafo”. Encendido, me echó en cara que la solución de este periódico no pasaba por contratar a nadie. Él, que acababa de firmar un contrato, a saber con qué elevada cantidad de sueldo, que prefiero no saber. Y eso necesitábamos, redactores, fotógrafos, maquetistas, administrativos, comerciales, informáticos, nuevos equipos… Y nadie escuchó la petición, porque no importaba que los chicos de la plantilla se desesperaran por no poder hacer bien su trabajo.
    Sin sueldo, sin ilusión y sin futuro, todo lo que ahora venga será mejor. Será dentro o fuera del periodismo. Será dentro o fuera de León, o incluso de España. Quién sabe qué será. Sólo deseo que el final de La Crónica de León sea el último ejemplo de una prensa caduca, dictatorial, estática, vendida al mejor postor por unos pocos euros. Porque este final sólo es un principio.

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  60. Una gran familia

    Por MARÍA DE LOS ÁNGELES BERNAL VALERO

    Yo fui siempre en La Crónica la mujer de Teo Brugos. Allí, hace 27 años, pasé, sin duda, los mejores momentos, no sólo de mi vida profesional, sino personal. Éramos todos una gran familia. Teo comenzó a trabajar como responsable de El Bierzo y yo me fuí tras él. La Crónica me dio la posibilidad de hacer mis primeros pinitos como colaboradora. Nunca llegué a formar parte de la plantilla. Según argumentaron los dueños, por ser la mujer de Teo, pero sí hubo gente que tuvo fe en mí. Como Benigno Castro y por supuesto mi gran amigo Óscar. ¿Qué hubiera sido de La Crónica sin Campillín?. Una vez en León, mis recuerdos son inolvidables. Trabajar se convertía en un auténtico placer cuando entrabas al periódico y encontrabas a Ampi, Isa, Ángela, Mauri, Pollo, Javi, Robertín, Jota y tantos otros. En fin, que aunque Teo y su mujer (que sigo siendo yo), decidimos venirnos para Cádiz a probar suerte en otro periódico y a pesar de que aquí encontré mi dignidad profesional, no hay un día en que no siga extrañando aquellas reuniones matinales de La Crónica, aquellas intensas tardes y sobre todo aquellos fantásticos momentos vividos con “mis amigos”. Y no me puedo olvidar del que ha sido el acontecimiento más importante de mi vida: El nacimiento de mi única hija, Cristina, que acaba de cumplir 26 años. “La Crónica de León” también tuvo mucho que ver en esto. ¿Qué más puedo decir? Suerte para todos los que aún resistíais. Seguro que la vida os depara sorpresas.

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  61. Sin La Crónica pierde León

    Por CAMINO MONJE

    Un verano, hace ya veinte o veintiuno, La Crónica de León faltó en los quioscos, en la barra de los bares y en el correo de los suscriptores. El periódico todavía tenía su sede en el Paseo de la Facultad, al lado de la plaza de toros. El reventón de una tubería en la calle inundó la redacción. Era por la tarde y se echó encima la hora del cierre con los bomberos achicando agua.
    Seguro que hoy el periódico hubiese salido. El periodismo había dejado de ser un oficio artesanal, los programas de edición por ordenador ya habían revolucionado la edición diaria, pero los medios estaban a años luz de los actuales. El Google de entonces eran las enciclopedias gastadas por el uso, los textos de los corresponsales llegaban por fax y los carretes de fotos, en el coche de línea.
    Quienes estábamos de prácticas en La Crónica añadimos aquel día una lección más a las que recibíamos cada jornada en la escuela de la redacción: la trascendencia, casi el drama, de no cumplir un solo día con los lectores.
    La plantilla era joven, pero con tablas para enseñarnos casi todo lo que muchos sabemos de esta profesión. Entre los aprendices de entonces estaba el director de ahora, Dani. Ni él ni quienes tenemos el privilegio de contarnos entre sus amigos podíamos imaginar que aquel chaval del Órbigo iba a llevar las riendas del periódico. Y mucho menos que le tocaría sufrir desde esa complicada posición la página más triste de La Crónica. Bastante teníamos con averiguar si servíamos para aquello.
    Aún nos quedaban muchas lecciones, entre prisas y risas, de Óscar, de ‘Jota’, de Secundino Serrano, del ‘Tío Ful’… y de tantos otros.
    En estos tiempos perversos para el oficio, la profesión ha enarbolado un lema cargado de verdad: “Sin periodismo no hay democracia”. Cada vez que una cabecera desaparece se habla de la pérdida de pluralidad, del peligro de que los abusos se queden sin denunciar. Cuando el periódico es local se pierde algo más: una voz para contar lo propio, lo cercano, pequeñas grandes historias que no caben en la prensa nacional, las señas de identidad, la vida de la ciudad y la provincia.
    Esta vez, La Crónica no va a faltar en los quioscos un solo día. Esta vez, el drama es mucho mayor. Ahora el adiós amenaza con ser definitivo y quienes pierden no son solo unos pocos. Pierde León.

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  62. Una imagen congelada

    Por ANA USTÁRIZ

    ¿Serías capaz de olvidarte de cuando te enseñaron a andar en bici?. Seguro que no. Lo habrás dejado en la trastienda de tus recuerdos, y esa imagen congelada volverá inevitable cuando sacudas el balance de tu vida. Así de inevitable e inesperada regresa a mí aquella ‘nave’ de La Crónica, aquella que cuando cumplíamos aniversarios desde la pequeña oficina de Papalaguinda, nos sorprendíamos, lo celebrábamos y volvíamos a confirmar aquella frase de ‘Y la nave va’. Y es verdad que la nave llegó, y mejoramos, lo teníamos todo, incluso más que otros, pero… en fin, prefiero recordar aquellos años del periodismo digno, de la generación de periodistas que crecimos sin buscadores, sin internet y con más ganas que ganancias.
    En este periódico que hoy baja la trapa, aprendí a escribir sin miedo, a creer al ciudadano, a contrastar, a pedir responsabilidades, a que reír era compatible con trabajar y sobre todo, a vivir varias vidas, aunque fueran las de otros, pero al final siempre tuyas.
    A todos los que hoy podemos hablar de esos 27 años, nos hicieron trabajar mucho, horas interminables, y exigencias al límite, pero siempre con RESPETO, esa era la máxima que Oscar Campillo ejerció hacia todos nosotros, más aún, siempre apoyó y defendió a su gente, así que…, sólo eso hacía sentirte bien, y de repente decías aquello de ‘trabajo en lo que me gusta’. Podía pedir la luna, vapulearte, enviarte al más allá de la provincia, o si cuadraba hacerte bajar a la mina, pero todos creímos y construimos La Crónica.
    Mañana será historia, será un lamento, pero si hoy hemos llegado hasta aquí es por aquella forma de trabajar y de estar convencidos de que TODO MERECÍA LA PENA. Ahora no es momento de dar medallas a nadie, todos somos héroes. Gracias por haber estado ahí y por haberme dejado formar parte de una historia única e irrepetible. Un orgullo y un privilegio.
    Buenas noches y buena suerte, compañeros.

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  63. 1986

    Por DAVID RUBIO

    Cuando ETA asesinó al comandante Cortizo, cada leonés tenía una historia que contar. En Madrid mueren 200 personas en un atentado y la mayoría de madrileños se entera por los medios de comunicación. Pero en León, aquella mañana de Lotería, todos habíamos pasado cinco minutos antes por la calle Ramón y Cajal, pasábamos habitualmente a esa hora o conocíamos a alguien que había escuchado la explosión. La ciudad entera estaba impactada porque, aquí, noticias así viajan a esa escalofriante velocidad a la que se propaga una desgracia por las cocinas de los pueblos. Sobre esos manteles de hule lleva 27 años este periódico, que cierra pasado mañana, a veces sólo prendiendo la estufa, otras formando a muchas generaciones de periodistas y siempre informando a muchas más generaciones de leoneses. A mí, por ejemplo, me enseñó a cubrir una manifestación primero y a manifestarme después. También todo leonés tiene una historia que contar con La Crónica, un primo que salió en portada, un titular protagonizado o el encuentro en sus páginas de algún conocido. Es un poco de todos… como su deuda. En estos tiempos en los que nos piden que defendamos señas de identidad que no sabíamos que teníamos, desde un polvorín militar a un congelador de langostinos, la muerte de este periódico supone una metáfora demasiado evidente de casi todo lo que está pasando, en esta provincia, en esta profesión y mucho más allá. También de lo que pasó entre los empresarios y los políticos que utilizaron este papel ahora muerto, estas letras ahora huecas, para fraguar y forjar, aquí literalmente, sus grandes negocios, tan habituados al limbo de lo ilegal pero consentido que desarrollaron un concepto de periodismo demasiado parecido al de prostitución. Cada vez más barato, cada vez más humillante. Han de saber que, como advierte el refrán, la mejor puta también se puede tirar un pedo, que se puede hacer la calle y conservar la dignidad y que antes o después tendrán que pasar por las aceras en las que no pueden ya comprar ni la verdad ni el silencio.

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  64. El último número

    Por JESÚS MARÍA RODRÍGUEZ PRADO (JOSU)

    Escribo estas líneas en los mismos momentos en que, imagino, mis antiguos compañeros del periódico rematan sus crónicas y el responsable de cierre mete prisa, voceando si es preciso, porque es hora de entregar las páginas, todas, hasta la última. Dicen que es el último número en 27 años.
    Quién se iba a imaginar que La Crónica de León echaría el cierre al cabo de los años. Lo pienso fríamente y no me lo creo. 15 años de mi vida en aquella escuela de noticias, de amistad, de grandes juergas, partidos de futbito en el Hispánico… de las desgracias y también de las grandes y buenas noticias, aquellas que obligaban a parar la rotativa. De la vida sobre la que escribíamos cada día después de un café y un pincho en el Dorleta. Primero en el Paseo de la Facultad, más tarde en el Polígono 10. De aquel León que ya parece olvidado. Demasiado tiempo, muchas jornadas festivas incluidas, para dejar de pensar en ello. En mi caso, desde febrero de 1990 hasta noviembre de 2004. Fue más que suficiente.
    ¿Culpables? Sin duda, muchas circunstancias. Y esta puñetera crisis no se casa con nadie y menos con los periodistas. No voy a caer en tópicos ni hablar de directores; ni de la caída de la publicidad ni de los presupuestos ni de las suscripciones, ni de los dineros de las instituciones. No. Todos hicimos lo que mejor sabíamos hacer. Con generosidad y entrega. Algunos decidimos salir de ese barco en plena singladura, cuando el viento soplaba fuerte las velas. Unos por cansancio, cuando ya dejaron de ser tan jóvenes e ingenuos; otros porque queríamos probar otras facetas y tuvimos la suerte de que sonase el teléfono, pero nunca, nunca pensamos que se iba a llegar a esto.
    En buena parte será por el desafío que supone y supondrá cada vez más intensamente Internet y las nuevas posibilidades que ofrecen las redes sociales y la tecnología. Esa es la excusa fácil. De otra parte, a varios parecía no importarles que cada vez que alguien dejaba el periódico se perdiesen decenas de páginas de números de teléfono, de contactos y fuentes clave para el día a día de la redacción…Y fueron muchas bajas. Alguien manejó mal el timón y empezaron a aparecer piedras en el mar. Seguro que hay muchas más causas, claro que sí, pero estas líneas pretenden tan solo ser un homenaje conjunto a todos cuantos, de una u otra forma, hacíamos cada día aquel milagro ajustando títulos, cortando y pegando líneas de corresponsales, corrigiendo pies de foto –un abrazo tío Mauri– o haciendo crónicas apresuradas sobre un pleno en Sahagún o en Matallana, el accidente en una mina de Puente Almuhey, o una exclusiva de última hora. Por no hablar de las páginas extra que surgían a última hora sobre las fiestas de los pueblos en aquellos días de vino y rosas del verano leonés. –“Vete a llamar a Uribe y a Porras que están en una fiesta y tráetelos ya que hay que hacer siete páginas”.
    Un especial homenaje a quienes han estado hasta el último momento al pie del cañón. Suerte, mucha suerte. Nos la merecemos tod@s.
    La vida sigue.

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  65. Los trabajadores fueron ‘los buenos’ en la historia de La Crónica

    Por CARLOS DEL RIEGO

    Tras una larguísima agonía de varios años, La Crónica de León echa el cierre acosada por las deudas y por una pésima gestión que derivó en ausencia de gestión, de inacción, de un pasotismo inexplicable; los dueños del periódico no querían ni mantenerlo ni cerrarlo.
    Todo lo que empezó en 1986 termina 27 años después de manera ciertamente lamentable. Es curioso, La Crónica apostó por la tecnología desde su nacimiento, pues desde el primer número todo se hacía con ordenadores, de hecho no había máquinas de escribir en todo el periódico (salvo una en recepción que quedó como objeto decorativo), y ha sido el avance tecnológico el que ha dado la puntilla al proyecto, ya que la prensa de papel ha sufrido más que ningún otro sector el azote de la crisis.
    Al pensar en La Crónica llegan los recuerdos en avalancha, y todos tienen cara. En estas casi tres décadas de periodismo La Crónica ha tenido en sus filas a algunos de los más importantes profesionales que ha dado este oficio en León. No se puede mencionar a todos, lógicamente, pero sí que merecen un recuerdo en esta hora aciaga nombres como el del director Óscar Campillo, periodista con una potentísima personalidad, el fotógrafo Mauricio Peña cuyas imágenes son historia de León, el eterno Fulgencio Fernández y sus precisas descripciones de las costumbres y los modos leoneses (incluyendo la lucha), el todoterreno David Rubio, que nunca vio problemas sino soluciones, el inagotable César F. Buitrón, que se hacía tres páginas de su sección más otras tantas del especial y luego encontraba tiempo para escribir un libro sobre el bolo leonés, el perfeccionista Joaquín Revuelta, quien siempre quería dar otro repaso y era capaz de pasar una hora dándole vueltas a un titular, y ‘Robesto, nasío pa repartí leña’…
    También hay que detenerse unos segundos en algunos enormes ‘juntaletras’ y otros especímenes que hicieron labor en Papalaguinda o el Polígono X y luego buscaron acomodo en otra parte, como Teo, Trapiello, Josu, Juanjo, Jesús Turel, Secundino Serrano, Ángela, Jesús Egido, Violeta, Javi Calvo, Jota, Ana Ustáriz, López, El Alemanón, Juan Carlos ‘El Punky’, el ‘Archipedro’ , Javitín (lamentable)…, y Estrada, Benigno y Prusén…, y hablando de directores, si Félix Pacho fue el que alzó el telón, es Dani Álvarez el encargado de bajar la trapa. (Perdón a todos los que no se mencionan directamente).
    Y no se puede olvidar tampoco a los del taller, los administrativos, las secretarias de redacción, las chicas de recepción, los de publi…, o al hombre de negro, el dibujante del Reino, Lolo. ¡Cuánto os voy a echar de menos a todos! Y es que, en realidad, estos han sido lo mejor de La Crónica, en ellos se piensa al rememorar esos 27 años, ellos serán siempre La Crónica. ¡Y qué bien venía un bocinazo de Nitro para espabilar!

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  66. Una adivinanza

    Por L. CASTELLANOS

    El cierre de La Crónica de León, a la que sus trabajadores no han dejado de honrar a pesar de todas las dificultades, me traslada a los finales de dos excelentes películas: ‘Al rojo vivo’, de Raoul Walsh, y ‘Fahrenheit 451’, de François Truffaut. La primera, obra maestra del cine negro, concluye con el gangster que interpreta James Cagney autoinmolándose, acechado por el fuego, y gritando en pleno delirio ‘Estoy en la cima del mundo’. La segunda, basada en una novela de Ray Bradbury, sitúa su desenlace en un bosque donde los supervivientes de ese estado totalitario que quema libros y censura pensamientos asumen la condición de hombres-libros (hombres libres) para, gracias al ejercicio de la memoria e instruidos en la esperanza, mantener vivos los contenidos de todas las publicaciones que ha amparado la humanidad.

    Adivinanza: ¿quién es quién en La Crónica de León?

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  67. Cuando la música termina

    Por JM LÓPEZ

    Game over, fin de la partida. Insert coin dice la pantalla del ordenador, pero ahora a nadie le interesa seguir invirtiendo en este juego, hace tiempo que no da partidas extras y así ya no sirve; no mola.
    En sus 27 años de historia, La Crónica de León ha sobrevivido a todo tipo de avatares; inundaciones en la rotativa, cambios tecnológicos e incluso a la crisis del papel. Sin embargo, no ha podido con una serie de mequetrefes que, a base de insistir en sus propios errores durante todo este tiempo, han conseguido chaparla. Por eso me gustaría dedicar afectuosamente estas palabras a todos esos impresentables y a sus brillantes ideas (nótese la ironía). A los directores ineptos y timoratos a los que el cargo les venía demasiado grande, a los DJ’s soplapollas con delirios de grandeza, a los empresarios ladrones y corruptos que usaron SU juguete como mejor les convino para llenar SUS bolsillos mientras SU negocio iba bien; ojala se pudran en galeras. A todos ellos y alguno más, donde quiera que estén, va por ustedes señores; os lo habéis currao (nótese la ironía otra vez).
    “La música termina y finaliza el show./ En el sucio back-stage se enfría el sudor./ Las luces se apagan, un foco en un rincón./ Trastienda del rock and roll, el fin de la función”.
    © Yosi Domínguez/Los Suaves.

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  68. Por ANDRÉS MARTÍNEZ CASARES

    Sobran análisis de cómo, cuándo o por qué empezó esto. Ya da igual. Llega el momento. Adiós. Chapó el chiringuito. Me quedo huérfano de las fotos de Mauri. Y ellas de mis ojos. De la capacidad de Ful de teclear una entrevista a página entera, improvisada y frenética tras un rato al teléfono. De Porras, Alfonso, Jorge, Marcos… Del sonido de la campanilla cuando en la página ya estaban las fotos. De producir, y bien, un periódico. De su información. Y de algo que apenas queda en este mundo del periodismo. Esa cercanía a la información. A la calle. Con estilo.

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  69. La voz de José Luis Estrada

    Por ESTHER BAJO

    Se me pide un breve artículo sobre La Crónica de León y acepto con gusto, pero sólo para reproducir la voz más autorizada para ello, la de quien dirigió ese periódico desde 1999 hasta 2010. Periodista ajeno a todo tipo de corporativismo, ni siquiera en su profesión, y persona íntegra, la conclusión de su experiencia en esa etapa y en las anteriores (fue pionero en la investigación en materia de consumo con sus reportajes sobre la venta y uso de hormonas en el ganado, la comercialización de carne de vacas tuberculosas o el deficiente sistema de inspección veterinaria; revolucionario en su trabajo contra la corrupción urbanística en Burgos, la burbuja inmobiliaria y el capitalismo especulativo, fundador del Diario XXI de Burgos, proyecto utópico de prensa libre), está expresada en su libro “¡A la Plaza!”:

    “Es esencial una auténtica revolución en los medios de comunicación, auténticas armas del poder corporativo en manos de despiadados grupos de presión. Que hayan salido a la luz los escándalos del grupo Murdock y, antes, los del grupo de Berlusconi, contribuirán, sin duda, a desenmascararles algún día. No obstante, he de romper una lanza por los miles de buenos y, tal vez ingenuos, profesionales del periodismo que, día a día y casi siempre de forma anónima, pelean, sufren y mueren por la libertad de expresión. El código deontológico y la cláusula de conciencia son armas imprescindibles para esta lucha que hay que conseguir, pero, ante todo, hay que comenzar a proteger a los ciudadanos de la manipulación y, para ello, hay que comenzar aplicando la transparencia informativa en casa. Es imprescindible que los medios de comunicación hagan públicas las cuentas de ingresos, detalladas, sobre todo en publicidad. Al menos en España, saldrían a la luz de inmediato enormes cantidades de dinero proveniente de la financiación encubierta por parte de instituciones públicas, semipúblicas y privadas. También, y puesto que los medios de comunicación presumen de ser un servicio público (y eso deben ser), tendrán que publicar los intereses empresariales y el patrimonio de sus empresarios y directivos”.

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  70. La libertad de prensa

    Por CÉSAR F. BUITRÓN

    Recuerdo cuando existía la libertad de prensa. No fue hace mucho. Eran tiempos en los que un humo denso cubría las redacciones; entre página y página se hacía una pausa para tomar un par de cubalibres; se cerraban las ediciones a las tres de la mañana sin que nadie considerara un menosprecio que alguien convocara una rueda de prensa a las nueve de la noche; y podías arriesgarte a sacar a la luz una noticia, aunque no fuera políticamente correcta ni estuviera santificada por el cacique de turno, porque sabías que tu jefe y hasta tu director jamás te iban a dejar con el culo al aire.
    Lo recuerdo bien. Eran años en los que no había teléfonos móviles, pero se encontraba a todo el mundo, aunque para ello hubiera que llamar a media docena de bares; un tiempo en el que Internet sólo era algo que sonaba muy lejano y, aunque no existía Wikipedia, siempre había alguien que era capaz de encontrar en una enciclopedia o en su memoria el dato que hacía falta. Era un escenario sin megalíticos gabinetes de prensa que impusieran de qué y cuándo había que informar; años, en fin, en los que los políticos aún contestaban preguntas después de sus conferencias de prensa y los periodistas hacían guardia durante horas en una puerta, esperando que acabara la reunión del mismo consejo de administración del que ahora se recaba información con una llamada al pelota de turno, que cuenta lo que quieren que cuente quienes alimentan su estómago agradecido. Qué tiempos. Los recuerdo y se me saltan las lágrimas. Todo aquello ya es historia. La libertad de prensa murió aplastada por toneladas de ladrillo y hormigón que invadieron los despachos más nobles, y por la dejadez de los propios periodistas, que se dejaron seducir por un hoy mejor sin ver que detrás había un mañana demasiado incierto.
    Aquel declive de la libertad de prensa empezó cuando los mismos ladrilleros que han hundido este país decidieron que necesitaban un vehículo para cantar sus glorias y compraron medios de comunicación a golpe de un talonario que entonces parecía tan infinito como lo eran su soberbia y su estulticia. Siempre podré presumir de que yo habité una de aquellas redacciones en las que las distancias se medían en cíceros y la duración de la jornada laboral en cervezas o cubalibres. Siempre podré contar que yo le saqué los colores a un político o que hice guardia media noche de invierno a la puerta de una reunión sin demasiada enjundia. Pero de lo que me gustaría presumir dentro de muchos años es de que la libertad de prensa ha resucitado.

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  71. Cierre, que no muerte

    Por JESÚS COCA

    Yo crecí teniendo La Crónica en mi casa, viví en ella mi primera y más gratificante experiencia laboral fuera de las prácticas, y me seguí considerando parte de ella al abandonarla por todo lo que allí había dejado y conocido.
    Por eso, aunque sus puertas no vuelvan a abrirse, miles de anécdotas quedarán para siempre en el recuerdo. Esa sección de deportes de 32 páginas a todo color y llena de reportajes de los lunes, que duró poco pero que fue irrepetible con José ‘El Canario’, Pipa, Jorge y mi ‘padre’ profesional César Buitrón; ‘Rigui’ y Emilio lanzándose ordenadores tras una discusión y haciéndome pensar en dónde me había metido (aunque el ordenador y el armario entero me hubiera tirado César si me llega a ver el día después de que hiciera la columna de opinión en verso, preciosa pero muy infravalorada); Roberto metiendo prisa cuando se acercaba la hora de cerrar salvo que le sacaras el tema del balonmano que entonces podía pasarse horas hablando; el ‘mítico’ Archivero contando sus ‘batallas’ en media tarde; Esther, siempre con la sonrisa en la boca… salvo cuando le tocaba ‘picar’ la información de ciertas personas y le cambiaba la cara; el tío Gil y las conversaciones cuando llamaba para mandar algo (siempre que no le hubieran pinchado las ruedas o rayado el coche al salir de San Esteban de hacer un partido, que ese día no estuvo el ‘horno para bollos); dos ‘grandes’ como David o Alfonso ‘discutiendo’ a voces aunque luego era yo el increpado si me metía en la conversación desde la otra punta y se me acusaba injustamente de hablar muy alto; Carmela y la clásica voz primero de ella para ver cuándo se le daba la maqueta y luego del redactor a ver si su página ya estaba maquetada; Sandra, Sergio, Isa o Goretti componiendo junto a mí la última generación (dicen las malas y envidiosas lenguas que también de las más guerreras) que entró en el periódico antes de que sólo hubiera marchas… Ellos junto a Ali, Vanesa, Mauri, Marcos, Cundi, Ful, Joaquín, Dani, Marian y todos los que me dejaré por el camino, convirtieron en una pequeña familia estar en el periódico.
    Hoy una parte importante de la historia de León llega a su fin. Hoy, toda la ciudad queda un poco huérfana. Hoy esa familia se ‘rompe’, pero no desaparece. No. Hoy cerrará, pero nunca morirá, porque siempre quedará en el recuerdo de todos los leoneses.

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  72. Un oficio legendario

    Por MÓNICA GARRIDO

    Durante largo tiempo he admirado en secreto a los periodistas de La Crónica de León: un hatajo de hombres y mujeres osados, vehementes, ilusos a veces pero leales al fin y al cabo con el desempeño de un oficio legendario.
    Recuerdo con cariño mi paso por el periódico. En aquel tiempo la redacción de La Crónica era una amplia estancia abarrotada de gente, una algarabía de teléfonos sonando, botes de cerveza y refrescos resbalando por la garganta de la máquina expendedora, redactores vocingleros envueltos en nubes de humo de tabaco, el golpeteo descompasado de decenas de dedos sobre los teclados de las computadoras, risas, alguna bronca… Mis compañeros siempre andaban detrás de la noticia: de aquí para allá entrevistando a las fuentes, contrastando la información, vendiendo la exclusiva al redactor jefe, peleando por la portada con la subdirectora o el director y escribiendo gozosos a la carrera.
    Yo sólo era la chica de publicidad que, en palabras del Fulgencio: “Escribía hasta de ruedas”. Pero era feliz en la redacción de aquel periódico. Sentía que formaba parte de algo más grande e importante que yo. Desde mi silla del rincón al lado de la columna me sentía una pieza modesta pero irremplazable de aquel engranaje que funcionaba a la perfección. Los buenos tiempos no duraron demasiado. Lástima.
    ¡Suerte, compañeros!

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  73. A mis compañeros

    Por JOSÉ MANUEL ÁLVAREZ (MANOLO)

    ¿¿SABES?? CIERRA LA CRÓNICA DE LEÓN, AL PARECER HAY MUCHA CRISIS.

    LO QUE HAY ES MUCHO HIJO DE LA GRAN PUTA.

    ¿QUÉ QUIERES DECIR...?
    ¿TE HAGO UN GRÁFICO?

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  74. Adiós a la escuela de periodistas de León

    Por J. J. PORRAS

    Mirando atrás veo a una redaccion multitudinaria, aquella de la plaza de toros que sin ventanas más parecía una lobera que una redacción pero por la que pasaron gran parte de los periodistas leoneses más recocidos dentro y fuera de la provincia y que hoy se reparten por las direcciones de periódicos, digitales y gabinetes de prensa. Después en el Polígono X siguió su tradición como la mejor escuela de periodismo de León, por su redacción pasaron decenas de practiqueros, yo también fui uno de ellos. Con el tiempo cambiaron cabeceras y compañeros pero si algo perduró en el tiempo fue el buen ambiente de trabajo y la amistad de aquellos que pasaron y que ya no pasarán. El cierre de La Crónica es un día triste pero también reivindicativo contra un modelo de periodismo tapiado por el ladrillo y ahogado por el hormigón que ha dejado en la calle a cientos de compañeros y ha convertido al periodismo en una burla de lo que fue supeditado a las instituciones y a los ‘insignes’ políticos de caciquismo partidista y popular. Pero lo que nunca me podrán quitar es el orgullo de haber trabajado en un medio que, a pesar de la propiedad y la gestión, me ha ofrecido momentos memorables tanto en lo profesional como en los personal. Y sobre todo, decenas de ‘croniqueros’.

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  75. Triste final para un juguete roto

    Por ALFONSO MARTÍNEZ

    La Crónica ha sido durante los últimos años un juguete roto. Ha sido un simple muñeco de trapo con remiendos que nada ha significado en el opulento ‘cuarto’ de un ‘niño’ egoísta.
    El personaje central de este ‘cuento’ ha ocultado en el armario sus carísimos videojuegos y su ‘scalextric’ para que nadie más pudiera disfrutar de ellos. Mientras, ha ido dejando en la cuneta a todos los que trabajaron muy duro para que su ‘papá’ pudiera comprárselos.
    Sin embargo, ha habido miles de niños de barrio, con menos dinero pero más corazón, que sí han cogido en sus manos este muñeco de trapo abandonado. Ellos sí han sabido apreciar su presencia en los quioscos día a día desde hace 27 años. El fiel apoyo de los leoneses ha dado sentido a todo este tiempo, a todo este trabajo, a todos estos sinsabores y, por qué no decirlo, a todas estas penurias.
    El alma de este muñeco de trapo, de La Crónica, han sido sus trabajadores, mis compañeros. Cada uno con sus virtudes y sus defectos, pero todos con la mente puesta en sacar a la calle el mejor periódico posible en las duras condiciones en las que hemos ejercido nuestra profesión durante los últimos años. Quiero agradecerles lo mucho que he aprendido de ellos desde que, hace ya hace una década, llegué por primera vez a la redacción del Polígono X.
    Quizá haya sido este empeño la clave para que la sociedad leonesa lograse olvidar que el juguete roto que ahora agota sus últimas pilas era en realidad de ese ‘niño’ egoísta que no merecía su respaldo.
    La Crónica se muere. Es triste, sí. Ha sido mucho tiempo narrando la actualidad para todos los leoneses. El esfuerzo de tantas y tantas personas que han luchado para que la provincia tuviese un segundo periódico llega ya a su punto final. Sin embargo, su esencia nunca morirá, porque el corazón de este muñeco de trapo seguirá latiendo allá donde esté cada uno de sus profesionales.

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  76. Recuerdos que son inicios de grandes amistades

    Por SANDRA CHARRO

    Bolas naranjas. Pequeñas bolas naranjas saltarinas. Esto era lo que mi compañero de enfrente me lanzaba a todas horas mientras yo tecleaba. Miré mal en el pasillo al que hoy es como mi hermano y me subí al coche de una desconocida, para hacer un reportaje del Hospital, que hoy es mi mejor amiga. Conocí a una gallega que al principio no hablaba y ahora no quiero que calle. Una madrileña me hizo más cortas las largas tardes delante de la pantalla y una bañezana las hizo más divertidas (y más golosas). Otro que no se acuerda de mi, ahora me gana todas las semanas al tenis… No hay espacio para escribir de todos. Algunos de ellos ya están desperdigados por otros medios, pero unos pocos aguantaron el chaparrón en el medio que nos crió.
    Fueron muchas las horas que pasé en La Crónica y muchos los amigos que me llevé y que todavía guardo como grandes tesoros. También fueron muchas las lecciones periodísticas que me brindó este medio y su gente, pero fueron más las enseñanzas personales, las que se aprenden delante de un café, en el trayecto a un reportaje o en el parque a base de encuestas ficticias.
    Las clases de la Facultad no me enseñaron lo que aprendí en el Polígono X y hoy este medio cierra tras 27 años, dejando huérfanos a muchos de nosotros, pero también a toda la sociedad leonesa.
    Menos mal que los recuerdos, todavía, no se compran. Yo tengo muchos y buenos y confío en seguir creándolos con esos grandes profesionales, ahora también amigos.

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  77. Vivir el periodismo

    Por ISABEL HERRERA

    21 años, tres cursos de carrera y ni idea de lo que era el periodismo hasta que entré por la puerta de La Crónica de León hace hoy diez años y un mes. Un papel traspapelado me enviaba de prácticas a esta escuela de profesionales que contagiaba su pasión por el oficio. El buen ambiente y el mejor hacer de su gente, pacientes con los que llegábamos sin apenas saber titular, suplieron con creces las carencias de los estudios formales. Allí se vivía el periodismo, como se ha estado haciendo hasta el último día demostrando que hacer la competencia no es hacer la puñeta; que este trabajo no es una obligación, es una forma de vida, y que detrás de cada línea impresa en el papel hay esfuerzo y dedicación.
    Me enganchó, no volví a separarme de la profesión, y tuve la suerte de volver tiempo después. Un año más en el que seguir aprendiendo del que siempre he considerado mi periódico. Aunque también desde fuera creo que hemos podido aprender y mucho de lo que es mantener el compromiso con una cabecera maltratada desde su cúpula. Han peleado por lo que ha sido suyo, aunque no en propiedad. Han dado la batalla y se han ganado, desde luego, todo el respeto que para mí no tienen los que mercadean con derechos cada vez más mermados como son la información (de calidad y objetiva) y la libertad de expresión. Gracias a todos.

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  78. La envidia

    Por SERGIO JORGE

    Mi primera reunión en La Crónica fue en un bar a las seis de la tarde, aunque parecía que eran las cuatro de la mañana. Y eso me gustó mucho, porque no se podía empezar mejor. Luego llegaron los conciertos de El Barrio, las amenazas en las Ventas, los Vecinos, los artículos que alguna inepta perdía o la extraña visión de la realidad de algún pinchadiscos… Todo lo demás, todo, fue insuperable. Escribí, aprendí y encima me llevo una colección de hermanos como extra. Pero sólo fueron seis meses. Nunca podré decir que pasé dos, cinco, diez años allí. Y tampoco que en el Polígono X hice mis primeras o mis últimas prácticas. Por eso tengo tanta envidia de la gente que en este reportaje recuerda su paso por La Crónica…

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  79. Los cínicos no sirven para este oficio

    Por GORETTI CORTINA

    Ryszard Kapuscinski, Polonia: “Nuestra profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico. Es necesario diferenciar: una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes. Esto es absolutamente necesario, de otro modo no se podría hacer periodismo. Algo muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de periodista. El cinismo es una actitud inhumana que nos aleja automáticamente de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe de forma seria”.
    Hoy, todos aquellos cínicos que ignoraron el buen periodismo, que jamás reflexionaron sobre la responsabilidad social e intelectual del periodista, que ven los medios de comunicación como una actividad cuya única función es ayudar a incrementar los beneficios del negocio familiar. Hoy, todos ellos nos han dado el mejor ejemplo de que no sirven para ser periodistas.
    Muy lejos queda aquel febrero de 2008, en el que una gran redacción, alegre, con energía, trabajaba sin parar en el lanzamiento de La Crónica de León, un proyecto diferente y ajeno a las grandes cabeceras nacionales.
    Me acuerdo de Vivir y del día en la vida de muchos personajes de la ciudad. Me acuerdo de escuchar en la mesa de atrás los apasionados debates entre Rigui y Joaquín, melómano y cinéfilo respectivamente, que solo se veían interrumpidos cuando Emilio, el experto en teatro, hacía su entrada en la redacción o en el Tillo.
    También me acuerdo cuando el tío Ful aparecía al cabo de varias horas, de repente, después de ser buscado y más buscado, y se ponía a montar una historia de la nada con 20 palabras. Me acuerdo de mirar la pantalla del de la izquierda, aquel que cubría a Roberto en los cierres, y ver su cuenta del banco.
    Me acuerdo de lo mucho que me gustaba entrar en la pecera para entregar las maquetas, pinchar a Nitro, mientras Carmen ponía orden, y echarme unas risas con Fernando, Punky y Dativo. Me acuerdo de releer las esquelas a Carmen y a Esther para mejorar mi dicción. Y me acuerdo de lo feliz que era cuando bajaba por las mañanas a Moisés de León y entraba en la redacción por la puerta de atrás, aquella azul y metálica.
    Contábamos historias de gente, pero La Crónica estaba llena de historias. Y, hoy, todas ellas se quedan para siempre al otro lado de la puerta azul.
    Por favor, ayúdennos a que los cínicos no se hagan con este oficio.

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  80. Arsénico por compasión

    Por ÁLVARO F. SUTIL

    Los corresponsales de La Crónica nos levantábamos cada mañana con el cuchillo entre los dientes. Preparados para la guerra en la trinchera del pueblo contra el homónimo combatiente del otro periódico provincial. Una guerra que no se fraguaba cara a cara, sino por detrás, eso sí, en el mejor sentido de la palabra; un combate librado con una llamada, un chivatazo, una reunión clandestina… y es verdad que la relación con los ‘enemigos’ era magnífica, al menos en mi caso. En Astorga mi querida y recordada Maite Almanza me daba revolcones día sí y día también (me enseñaba periodismo día sí día también). Y llamaba Carlos J. Domínguez, o después Diego Buenosvinos o el gran David Rubio, que ha remado hasta el final, como un titán, y me hacían la misma pregunta: ¿por qué ellos lo sacan y nosotros no? Era el peor momento del día. Una conversación donde intentabas contar qué coño habías estado haciendo mientras tu rival le daba a la tecla sin parar, contando vete tú a saber, pero más interesante que tu triste rueda de prensa, que ellos volcaban en un pequeño faldón, o media columna, mientras tu abrías con ella página a cuatro columnas.
    Y seguro que gente como Laura Oria, Cris Domínguez, Estefanía Niño, Pery Lechuga, Ernesto Keudell o Lidia de la Villa saben de lo que hablo. Un recuerdo también para todos esos corresponsales incansables, cuyo talento espero sepan recoger otros. Pero hubo un día en que La Crónica triunfó y se escribirá con letras de oro, entre otras batallas ganadas, en la historia del periodismo leonés. Hablo del caso del arsénico en el agua en Nistal de la Vega. Ese fin de semana de diciembre de 2007, Laura Oria cubría mi descanso cuando se encontró con el ‘pastel’. Llegué yo el lunes y publicamos sin parar antes de que El Diario dijera ‘Ay’. Un caso que mi querida Crónica de León llevó siempre por delante, con más fuentes, con más testimonios, con más espacio. Un golpe certero a base de esfuerzo y muchas horas en La Vega del Tuerto, con sus vecinos, con sus representantes políticos, viendo día tras día descargar agua embotellada desde un camión enviado por Isabel Carrasco, que se lavaba las manos con ese mismo agua que repartía. Un triunfo, entre otros, de este periódico casi treintañero que ha muerto enladrillado y con pena, toda la inimaginable, al menos la de quien suscribe, de ver desaparecer el lugar del que un día te sentiste orgulloso trabajador. En Nistal cortaron el agua y el arsénico no afectó de sobremanera a la población. La Crónica ha ido bebiendo de ese veneno desde hace años, hasta que al final ha muerto poco a poco, mareada, circunspecta, sin saber porqué no se ha podido hacer nada para salvarla. Ahora ya es tarde. Descanse en paz mi escuela de periodismo. El panorama a partir de ahora es triste, triste y peligroso, como el arsénico.

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  81. El sitio aquel en el que vi el Periodismo

    Por LUIS V. HUERGA

    Ni durante la carrera ni en las efímeras experiencias anteriores. La primera vez que vi Periodismo, sí, con mayúscula, fue en aquella redacción. Ni después, en las ruedas de prensa o en los mítines. Nunca he visto Periodismo como aquel de La Crónica. Se terminó de desvestir para mí la vocación cuando compartí mesa y teclados con aquella gente. Me enseñó por primera vez César Fernández Buitrón, que se encargó de mí hasta que se incorporó Javi Calvo, junto a Jorge Callado, Nacho Sáenz de Pipaón y Rubén Ortega.
    Como ver derruir tu escuela. Aquel nido de avispas de donde han salido muchos de los mejores Periodistas, maldita mayúscula, que tiene ahora este país. Lo matan a los 27 años de edad, como si le quitaran a un chiquillo sus ilusiones. Su Periodismo. Ese que tanto hace falta y al que nadie le importa. Ese que tan bien sabe escribir cada día La Crónica de León. Maldita la hora. Que nadie haga nada, que se permanezca impasible, que se gire la vista hacia otro lado es algo que, directa y sencillamente, da asco.
    Al menos queda la satisfacción de ver cómo ellos, los que lo hicieron posible has el último día, han dado todo de sí. Mi admiración y mi gratitud porque, el resto de sentimientos que me provoca el adiós de ese periódico no se puede expresar ni en público ni con palabras.

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  82. Adiós a La Crónica de León

    Por LUIS GRAU LOBO

    Quizás esta sea la última ocasión que tenga, o quizás no. Para despedirme, digo, y la aprovecharé por si acaso. Y es que cierra este periódico. Uno más, pero éste muy cercano, muy nuestro, uno de los que nos ofrecen cuando pides la prensa ¿Crónica o Diario?, te preguntan. Pues ya no habrá dudas. Ni el gusto que da la variación, la diversidad, la pluralidad… esas cosillas. Ya se presentía, pues en los últimos tiempos esta Crónica ha sido un poco la de una muerte anunciada, aunque su tripulación se haya resistido con nobleza, aplomo y un periodismo cada día más escaso y necesario. Ya saben: ese que no recurre al escarnio, el partidismo o la falacia para vender papel y tinta.
    Algunos me comentaron que si arco arriba, el lema de esta columna que ha durado trece semanas (dito número), se debía al modo de apuntar para que una flecha suba más. No es así. Me refería al arco de un violín, cuya forma de atacar la nota a veces se produce moviendo el arco de abajo a arriba, a la contra de lo natural, gesto que exige más cuidado y concentración para no perjudicar el nacimiento del sonido. Algo así sucede cuando uno dispone de un espacio como éste, una tarima y un privilegio como éste, en el que debe poner todo el mimo y la sensatez para no dejarse llevar y que lo que suena suene afinado, atinado. En lograrlo me empeñé, aunque el veredicto final sea de otros, por supuesto.
    Pero sin saber quién o cómo te leen (si te leen), uno se da cuenta de que la más agradable parte de ese privilegio consiste en compartir páginas y cuitas con una gente a la que aprecias, por la que estás aquí. Así que podría llenar estas líneas de nostalgias y añoranzas, del nombre y la razón de amigos, vivencias y recuerdos, de las otras crónicas de este periódico que, cuando me instalé en León, acababa de nacer. Pero no. Ellos conocen lo que aquí no hay por qué decir para evitar más pesadumbre de la necesaria en esta despedida. Sólo añadiré que ha sido un orgullo trabajar desinteresada y modestamente con ellos en estos últimos meses para intentar evitar o paliar una muerte no por anunciada menos inclemente. Se acaba esto, pero todo lo demás sigue. Adiós, Crónica. Queridos amigos: nos vemos por ahí.
    (Publicado en La Crónica de León, el 18 de julio de 2013).

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  83. El abecedario incompleto

    Por SARAH ALLER

    Cuando un bar se cierra se pierden para siempre 100 canciones. Lo dice el anuncio. Pues cuando un periódico se despide seguro que tampoco las cosas son como antes. Cuentan que ya no hay manera de rescatar el abecedario completo. Alguna letra siempre se queda colgando de la última tirada. Hoy que cierra La Crónica de León, el periódico que alguna vez nos dio trabajo a todos, la letra que quedará colgando en la rotativa dicen que será la C.
    Con ella se escribieron las mejores Crónicas de muchos compañeros. Con ella se ganaron Cossíos y con ella más de un fotógrafo pintó un Cuadro. La C de Cachondeo, que nunca faltó en La Crónica. La C de Caos, que reinaba fijo un par de horas al día. Y sobre todo la C de Compañero, que tanto escasea fuera.
    Desde aquí un abrazo enorme a los amigos de La Crónica de León por amar su periódico hasta el último día. Con A de agallas y P de pasión. El abecedario, sin vosotros, quedará incompleto…

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  84. Hasta siempre

    Por JULIO CAYÓN

    Utilizando una vocablo muy leonés, La Crónica tranca la puerta, y las vivencias y recuerdos se aprietan y abrazan en la memoria de quien, como es el caso del que firma estas líneas, mantuvo una estrecha relación como colaborador y columnista. ‘El Pináculo’, que ese era el nombre genérico –o de ‘guerra’, como se prefiera- de aquellos artículos que se publicaban los martes y los domingos –en épocas concretas hasta cuatro a la semana- concluyó siendo, es cierto, un nexo indisoluble de la actualidad política y social del momento, pero por encima de ello, muy por encima, un eslabón más del propio periódico y, por lo tanto, de quienes lo hacían.
    Mi recordación, en fin, se centra en aquellos –el femenino, naturalmente, va implícito en el término- con los que compartí mesa –que a veces también mantel-, vivencias y esfuerzo; en definitiva, trabajo. Y recuerdo, ahora, aquellas tardes de redacción en las que, sin darte apenas cuenta, te enriquecías con la sabiduría de unos, el gracejo de otros, y, al final, la horizontalidad plena. Todos éramos compañeros y amigos.
    Llegado aquí, me veo obligado a señalar con la mayor honestidad, que la bajada de tensión del periódico coincidió con la llegada de un nuevo director -que también lucía el añadido de ‘general’ en el cargo-, que se empeñó en ir arañando, desgastando, la piedra angular del rotativo. Ahí comenzó el declive de La Crónica hasta sus actuales consecuencias. La penitencia, después del descalabro, jamás le abandonará mientras viva. Es su sino indeleble y sus sobresaltos permanentes.
    De modo y manera que sólo me queda una cosa por vocear alto y claro: mi solidaridad con cuantos han sido empujados a abandonar el barco. Con todos y cada uno de los trabajadores y sus familias. Y con León, que pierde un referente y un trozo de libertad. Para ellos, sin excepción, mi abrazo y mi lealtad imperecedera.

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  85. La Crónica de un fragmento

    Por SILVIA FERNÁNDEZ

    Sólo fue un verano. Pero fue mi primer verano en esta cada vez más denostada profesión. Entonces ella [La Crónica] pertenecía al Grupo 16 y a mí no se me pasaba si quiera por la cabeza que las cosas un día se acaban. En la vieja sede de Papalaguinda quedaron horas cuyo único objeto de lucro era la experiencia. “¡Overbooking!”, exclamaba el entonces director cuando bajaba a la redacción y se fijaba en las caras de los recién llegados. Muchos hemos pasado por allí en sus 27 años de historia. Yo guardo el recuerdo de mis primeros compañeros de esta vida un pelín ‘canalla’; a algunos los he vuelto a ver, con otros no he coincidido más y hasta hay con quien trabajé tiempo después. Entre todos ellos, algún redactor quedaba aún al pie del cañón en la última noche de La Crónica y, seguro que con la cabeza alta tras años de buen hacer periodístico, tuvo el honor de bajar la persiana.

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  86. Descubriendo el verdadero periodismo

    Por LAURA REY

    Cierra La Crónica y el vacío que dejará no sólo se notará a nivel profesional. En mi caso este periódico tiene algo especial, y lo tiene desde el momento en el que entré por sus puertas para realizar mis primeras prácticas de periodismo. Éramos un grupo de cinco personas que nos disponíamos a poner en práctica todo aquello que se supone te enseñan en la Universidad.
    Sin embargo, además de darnos cuenta de que el periodismo es una profesión en la que poco se aprende en las aulas y mucho en el día a día, me encontré con un equipo que no sólo es grande en lo profesional sino también en lo personal.
    Las tardes en el periódico, aunque largas, se pasaban volando… yo tenía como jefe a David Rubio… qué grande. Desde el primer día nos hicieron partícipe de todo y es algo que valoré mucho. Me hicieron sentir parte del periódico y, aunque decían que hablaba poco cuando estaba en el trabajo, después de echar el cierre siempre había tiempo para una caña, para conocernos, para distraernos, para hacer grandes amigos.
    Una lástima que grandes periodistas y, más aún, grandes personas se vean abocados a la inmensa cola del paro.
    Ánimo y fuerza!!
    Siempre con vosotros, Laura.

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  87. El gigante al que no paraban de lanzar dardos

    Por SONIA VIDAL

    Uno siempre recuerda ese lugar donde comenzó. Y no lo olvida. Con el tiempo incluso tiende a mitificarlo, quizás porque ahí dejó sus primeras líneas impresas, sus primeros nervios y equivocaciones, sus primeras dudas… y todos se volcaron en ayudarte, en enseñarte. Para mí La Crónica se convirtió en el mejor lugar donde empezar. Allí me di cuenta de que se cumple el dicho de “a mal tiempo buena cara” y todo salía siempre adelante y a la hora (y nunca era intempestiva). Y aún quedaba hueco para un “es pronto, ¿tomamos unas cañas?”. Por eso no sólo aprendí de buen periodismo, sino de compañerismo, dentro y fuera de la redacción, y es que ambas palabras acaban igual, pero no siempre van de la mano. De hecho, La Crónica siempre me pareció ese gigante al que no paraban de lanzar dardos y nunca parecía que iba a acabar de caer… Hoy se lleva consigo a los más luchadores que no dudaron de que aquello podía salir algún día adelante financiado con lo que ahora hace mucha falta, pasión. Pasión por las letras. Nos vemos compañeros. León acaba de perder su mitad.

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  88. Cultura, una sección con las puertas siempre abiertas

    Por ELOÍSA OTERO

    Cuando terminé la carrera, en 1987, no conseguí que me dieran trabajo en mi tierra, ni en La Crónica ni en el Diario. Me refiero a trabajo remunerado, claro. Pero sí publiqué en La Crónica mis primeros reportajes y entrevistas, de la mano de Iñaki Iraburu e Isaac G. Toribio. Eso me permitió arrancar, y gracias a aquellos reportajes, con los que me hice un pequeño book, encontré trabajo en Galicia. Creo que, como experiencia vital, aquello fue lo mejor que me pudo pasar.
    Cuando regresé a León, en 1992, empecé a trabajar como corresponsal de El Mundo, y al mismo tiempo Fulgencio Fernández me abrió las puertas de la sección de Cultura de La Crónica, donde colaboré durante siete años. Jamás logré cobrar por ello, pero al menos tenía otro trabajo y disfruté mucho haciendo lo que hacía. En 1999 La Crónica se fusionó con El Mundo y Óscar Campillo —que dejaba la dirección del rotativo leonés para irse a Valladolid— facilitó que yo entrara a formar parte de la plantilla. Estuve allí casi tres años y, aunque la periodista freelance que yo era no fue muy feliz en aquella ruidosa redacción del Polígono X, también hubo buenos momentos, algunos grandes compañeros y mucho aprendizaje, sin duda.
    Han transcurrido más de once años desde que me marché, pero siempre le agradeceré a Ful que nunca dejara de publicar las cosas que le fui enviando casi hasta ayer, porque no hay texto, entrevista o nota que no hayan sido atendidos.
    No quiero dejar de recordar especialmente a algunas personas queridas que, por distintos motivos, han preferido no estar aquí, como Antonia Reinares, Carlos J. Domínguez y Ernesto Rodera (a quien le he “robado” una viñeta de su blog para ilustrar este texto), ni a José Luis Estrada, quien aterrizó en el periódico justo al mismo tiempo que yo, un día de primeros de abril de 1999.
    En cualquier caso, las buenas gentes de La Crónica que a lo largo de estos 27 años han dejado huella en mi vida no son demasiadas, pero suman mucho, y si no las cito aquí es porque temo olvidarme de alguna. A todas ellas: ¡Gracias!

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  89. Anunciada muerte de una Crónica

    Por VÍCTOR M. DÍEZ

    Tirando al aire el célebre de título de García Márquez: Crónica de una muerte anunciada, como si de un cadáver exquisito se tratase, el azar nos devuelve esa cara triste y poética que sólo el azar mismo reconstruye, para decir verdad. Otra luz se apaga en esta provincia en penumbra, en este agujero negro, ya sin carbón siquiera. Cuando un periódico cierra (y deja a su gente en la “puta calle”) la sociedad cierra un ojo y ve menos; extiende una mano y es más pobre; boca y oído se anegan; se le para un corazoncito y se le caen los dientes al intentar hablar, al ir a decir. ¿Qué decir? ¿Cómo agradecer? A todos, pero especialmente a la gente de cultura y de vivir, que nos dio cobijo siempre: no es que os vayamos a echar de menos, es que nos quedamos bastante huérfanos. Se nos va de las manos la vida. El relato, el cuento se nos va de las manos con cada ventana que se cierra de un golpe como la vuestra. Será la corriente. Vamos quedando, como vosotros, a la intemperie. Cada vez más. Se nos acaba la saliva, buscando a quién escupir en la primera plana de su geta de ladrillo.
    Gracias, compañeros, por prestarnos vuestra piel. Os la habéis dejado por nosotros.

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  90. La Crónica… nunca desaparecerá

    Por EVA SUÁREZ

    Con el cierre de La Crónica se van casi 15 años de mi vida y el periódico en el que me hice y fui periodista. Allí tuve el privilegio de observar en primera línea la gran transformación de León y allí acumulé tantos recuerdos entrañables, duros unos y divertidos otros, todos inolvidables, entre ellos, el único día que el periódico no salió. La Crónica no saldrá más… pero para muchos de nosotros nunca desaparecerá.

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  91. Soy de La Crónica

    Por ALFONSO F. RECA

    El primer día que puse un pie en La Crónica, Ángela me encargó un reportaje sobre las intoxicaciones veraniegas, Porras estaba por ahí engatusando a otro para hacer uno de palomas cojas y Fulgencio ya barruntaba burofax.
    César me llevó a Deportes. “Tienes una página de la Cultural”.
    Esa frase, insulsa y absurda… incierta en aquel momento, cambió mi vida.
    La Cultural sigue siendo un desastre, pero, más de una década después, yo sigo presumiendo de haber llenado aquella página. Y todas las que vinieron después.
    Incluso ésta, la más amarga. Pero no la última. Por (todos) ellos.
    Gracias por existir.

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  92. La Crónica ha sido mi casa

    Por ANTONIO CORCOBA

    La Crónica ha sido mi casa… siempre, aunque ya no esté, será mi casa. Nació como aire fresco, como un ímpetu de una generación de periodistas que, en muchos casos, hoy comandan medios de comunicación de referencia. Ha sido una cantera de periodistas y un ejemplo de periodismo. Ha sido una impronta nueva, un producto que buscaba otra forma de hacer información. Y en ese caldo de cultivo hemos crecido y nos hemos formado. Es el espíritu periodístico que todos los que hemos compartido horas con los ‘padres’ de la criatura todavía aplicamos. Se cierra una etapa preciosa del periodismo leonés, quizás una de las mejores, y se dice adiós a un proyecto que aportó ilusión, saber hacer y un legado que no se olvidará.

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  93. Mi cuna periodística

    Por JESÚS MARÍA LÓPEZ URIBE

    Una de las pruebas definitivas de que el periodismo tal y como lo conocimos se muere es que cierra ‘La Crónica de León’, mi cuna periodística. Allí donde aprendí a “hacer noticias”. Entré allí hace 21 años a mis 21 años el 24 de junio de 1992, fiesta de San Juan, en aquella redacción con rotativa de la Plaza de Toros que se inundó al año siguiente y que dejó al taller con el nombre de ‘Fotonáutica’; tal era la alegría y humor de los que trabajaban allí. Aunque en 1997 abandoné el puesto de redactor de Comarcas y Campo, volví para escribir y maquetar en el 98 un suplemento de Tecnología y nunca la he podido abandonar de corazón desde entonces. La Crónica es parte de mi ADN periodístico. Especialmente gracias a Óscar Campillo y José Luis Prusén, directores de leyenda, y a Daniel Álvarez de la Torre, el último al cargo, que era mi compañero de prácticas entre 1992 y 1994; el mejor y más honesto periodista que he conocido. Pobre Dani, la que se ha tenido que “comer” para intentar salvarla. En realidad, todos los compañeros que pasaron por ahí fueron mi maestros de profesión. Todos. Repito: todos. Mucho trabajo, periodismo legendario, un fino humor surrealista de redacción necesario para sobrevivir a este durísimo oficio tan denostado hoy, enorme lucha por la Sociedad… momentos vitales de la Historia de León se pierden como lágrimas entre la lluvia con este cierre desolador.

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  94. Marcados de por vida

    Por EDUARDO GORDALIZA

    Mi padre lloró cuando la última de sus vacas subió al camión y abandonó la cuadra y de paso su vida para siempre. Yo no lo entendí, aquellos animales sólo había dado calderos de sudor y cientos de coces. Más tarde lo comprendí, no eran las vacas las que se iban de viaje. Camino del matadero o de otros pesebres se ha ido La Cronica16 de León. Así se llamaba el periódico que me dio las primeras prácticas como periodista y que me inyectó un veneno de por vida. Cada vez que leo aquellos artículos que me dejaron publicar, más entiendo la desesperación de Anabel, una mujer de infinita paciencia que me acogió como un saharaui. Aquel verano del 97 fue muy caluroso, en San Andrés del Rabanedo casi salían a dos mociones de censura por semana, las servicios de urgencias del hospital también se colapsaban y como cada pretemporada la Cultural pensaba en el ascenso, era un verano más donde mamé lo que para bien o para mal soy. El destino ha querido que haya recorrido unas cuantas redacciones, pero la referencia nunca ha dejado de ser ese equipo de locos que conocí. Más que un equipo, aquello era una familia. Algo que yo no existe en esta profesión de freelance bajo un mismo techo. Hasta que no cerraba el último mono allí no se movía ni dios. Eso sí, tras la ansiada espera llegaba la recompensa, una calle con nombre de coche repleta de garitos nos esperaba. Una semana tardé en convencer a mis padres de que lo mejor para la vida del artista era alquilar un piso en León, también con compañeros de profesión para que lo sueños fuesen negro sobre blanco. Puede que desde fuera se viese como algo endogámico, pero aquel compañerismo y buen rollo me marcó para siempre y me acompañara mientras sigua juntado letras. Sin duda eran otros tiempos, no sé si mejores, quizá sí, porque todos éramos más jóvenes, nos hervía la sangre; pero sin duda eran diferentes. No por el holocausto que sufre esta profesión, sino porque podía venir “J” a cagarse en la puta de oros para que entregaras la página y no pasaba nada, o porque si había un incendio tenías que pegarte con cuatro becarios para ser el elegido en cubrir la información, o porque el director (un tal Campillo) era uno más editando textos de los míticos corresponsales, o simplemente porque de vez en cuando alguna rata cruzaba la redacción para que Eva Suárez saltase sobre la mesa a ritmo de Tropicana. Había tantas ganas de aprender como de enseñar. Sin duda aquel grupo de personas nos enseñaron a amar esta maldita profesión. Una tarde con Mauricio o Fulgencio valía más que dos años de carrera. Ellos también me inculcaron que para ser un buen periodista no hace falta ir a Afganistán o que te den un Pulitzer. El servicio a la sociedad puede estar al lado, en Calzada del Coto, Balboa o Benavides de Órbigo. Va a ser extraño no encontrar La Crónica en los bares y Kioscos, cuando así sea lloraremos, y tal y como lloró mi padre, no será por no volver a ver ese periódico.

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  95. La Crónica y el ex archivero

    Por PEDRO MARCOS BLANCO

    Me llamó Mauricio Peña, para darme la mala nueva de que el periódico se cerraba a finales del mes de julio y hoy, a punto de firmar el acta de defunción, me llamaste tú, Eloísa Otero, para que escribiera como ex trabajador de la casa un párrafo, breve, en la necrológica de este personaje colectivo que era La Crónica.
    Así pues, cumpliendo con el encargo, os hago saber con brevedad que lamento que perdáis vuestro periódico. Vuestro y no de PROPELESA, vuestro y no del GRUPO MARTÍNEZ NÚÑEZ, porque su escaso salario no pudo pagar jamás el tesón, el esfuerzo y el trabajo que le dedicasteis a la publicación que ahora veis cerrarse.
    Cuando a diario se cierra la edición de un periódico hay una sensación de plenitud, de satisfacción por el trabajo finalizado. Hoy, cuando ya no habrá mañana, también debería ser igual: estad satisfechos de vuestra labor no ya del día, sino de los años y desterrad el menor sentimiento de fracaso o frustración porque habéis sido unos buenos profesionales (repasad sino la hemeroteca reparando en los medios que teníais), y además, no sois vosotros los que cerráis La Crónica, sino que la cierra la incompetencia del patrón. Un patrón incapaz que hacía del periódico un origami para hormigonar sus intereses presionándoos a diario (recuerdo una columna de Carlos J. Domínguez que tituló “Pan”) y despreciando vuestro potencial profesional premiado.

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  96. Obreros y obreras de las palabras

    Por TOÑO MORALA

    La tristeza inunda el corazón; otro periódico que cierra y deja sin pan a un montón de familias, y huérfanos informativos a toda una provincia. Después de casi treinta años, La Crónica de León cierra por la inoperante gestión de un empresario indigno como así lo demuestran los hechos, y por la barbarie de querer controlar todo. Es el poder por el poder y nada más. Lo de la línea editorial no tiene discusión ninguna; pero los trabajadores y trabajadoras que a lo largo de los años han dejado parte de su vida en el periódico, eso no tiene duda, ni tiene discusión. La profesionalidad de estas buenas gentes, obreros y obreras de las palabras impresas, está por encima del pensamiento del ladrillero y por encima del propio periódico. Y ahora que todo el pensamiento está con los trabajadores y trabajadoras, uno se puede poner en su lugar, pues por desgracia, la lista sigue y en ella estamos todos y todas. Solo queda estar del lado de las buenas gentes del periódico, estar en los malos tragos, y ponernos a su entera disposición en todo lo que haga falta. Reciba toda esta buena gente un fuerte abrazo y toda nuestra solidaridad.

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  97. El arma intelectual de los leoneses

    Por CRISTINA SANABRIA

    La Crónica de León, tras muchos meses luchando por llevar el periódico adelante, meses donde mis compañeros han estado sin cobrar, meses de sufrimiento, de incertidumbre, de valentía, de fe, y de esperanzas, da carpetazo final y pública su última edición este 31 de Julio por falta de fondos financieros.
    Es triste, muy triste, sentir que por falta de dinero haya que renunciar a la libertad de expresión que proporciona un medio, que ha informado de lo acaecido en León y en la Comunidad durante más de 27 años. Con total rigor y profesionalidad ha dotado a los ciudadanos leoneses de la principal arma intelectual: la del pensamiento. La Crónica ha informado y ha opinado, y ha hecho que todos y cada uno de nosotros aprendamos y reflexionemos un poquito más en nuestro día a día.
    Siempre tuvo algo especial, siempre fue diferente al resto, siempre fue la foto de contraportada, siempre fue y será la Crónica. No es fácil que los periódicos tengan esa magia pero cuando conoces la gente que hay detrás de esas páginas es cuando comprendes que cada palabra escrita tiene una personalidad impregnada, personalidades tan diferentes como únicas.
    Porras, líder de becarios y de fiestas, Joaquín y su sabiduría, Alicia y su dulzura, Vane y su formalidad, Alfonso y sus fiestas de Redipollos, César, y cómo ser el marido que toda mujer desea, Jorge y su vivacidad, su energía, sus 20 años escondidos en un hombre de 40, y por supuesto Dani, el jefe del barco, la persona de la que más aprendí, y del que tuve tanto miedo como cariño. Todos y cada uno de ellos me enseñaron el valor del periodismo, y siempre estarán en un lugar imborrable: mi memoria.
    Compañeros, la tinta se acabó para este periódico, pero sigamos luchando por la libertad de expresión, porque como dice la canción “con los rifles no se matan las palabras”.

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  98. Hasta la próxima

    Por MARGA LUENGO

    Cuesta no escribir con tono triste sobre La Crónica ahora que la han derrumbado. A mí por lo menos y sé que a la mayoría de los que compartimos gremio nos pasa lo mismo. La delegación del Bierzo de La Crónica fue una de mis casas. De hecho, fue el primer contrato que firmé para trabajar como periodista. Antes había trabajado en otros medios de comunicación, pero en formatos tipo becaria, colaboradora… estas figuras ‘laborales’ tan tristemente conocidas por todos.
    Mi paso por el piso 7 del Pasaje Fernández Luaña con vistas a la plaza de Lazúrtegui sólo duró un año, el de 2006 a 2007. De allí partí a otro medio que apuntaba maneras y que hoy ya es historia. Pero en un año me dio tiempo a aprender, a conocer a compañeros que engrandecen la palabra ‘compañero’ y a apreciar la importancia de hacer piña ante una situación hostil. Aprendí a emplear la palabra ‘atávico’ y lo hice después de creer haber escuchado ‘satánico’ en una conversación telefónica y atribuirle dicho instinto maligno a una especie tan bella como el oso pardo. Un error que jamás olvidaré y que recuerdo a carcajadas (las carcajadas de mis compañeros cuando lo vieron impreso en el titular de una entrevista). Reírse de uno mismo también es un gran aprendizaje.
    Me produce mucha tristeza dejar de ver en los quioscos una cabecera que siempre me pareció que tenía un toque triste. Tal vez la tristeza de todos sus profesionales, queriendo hacer un periodismo que no les dejaban, no nos dejaban hacer. Pero derrumbarse es la única opción que no es una opción, así que espero que pronto nos veamos en alguna otra oficina compartiendo nervios, prisas, agobios y unas cuantas risas. Hasta la próxima, pues.

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  99. Hoy, mañana

    Por NOEMÍ SABUGAL

    Nos empobrecemos. Y la miseria no es sólo material. Si se recortan las ilusiones y se amputa la libertad, nos están aguando el futuro. Siempre pierden los de siempre, aunque yo creo que perdemos todos. La Crónica de León cierra y ya tenemos menos ilusiones, menos libertad.
    Hoy somos más pobres.
    Buscaremos la forma de construir algo con eso. Esperaremos a que surja una voz nueva, dos, un centenar. Que La Crónica sean muchas crónicas. Habrá una lucha por cada esperanza rescatada del fondo de este lago sucio. Y estaré allí para leeros, para escucharos.
    Mañana seremos más fuertes.

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  100. Compañeros, la cabeza alta

    Por LETICIA L. BENAVIDES

    La verdad es que todavía no me lo creo, se me hace un nudo la garganta…Es difícil buscar las palabras adecuadas en esta situación, sólo me vienen a la cabeza los buenos momentos vividos en La Crónica de León. Llegué un marzo de 2008 y, aunque estuve a penas unos meses, fue lo suficiente como para sentir enormemente su pérdida.
    Sobre todo pienso en los buenos profesionales que me enseñaron cada día a vivir esta profesión con ilusión, de los que tanto aprendí, muchos de los cuales se han convertido hoy en compañeros y amigos con los que sigo compartiendo la vida, y el complicado transitar en esto del periodismo.
    Lo único que puedo decir es que todos los que han aguantado hasta el final se pueden ir con la cabeza más que alta, y que les deseo lo mejor.

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  101. ¡Gracias!

    Por PAULA PANADERO

    Cuando me pidieron que escribiera sobre mi experiencia en La Crónica no lo dudé; pensé en todo lo que aprendí en esos seis meses en Local, en mi “querida” sección de vecinos, en las horas delante del ordenador, en mis primeras ruedas de prensa… pero también en los momentos de café mañanero y cervezas nocturnas.
    Decía Kapuscinski que “para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos”, y ese es el principal recuerdo que yo tengo de mi experiencia en el periódico: buena gente y excelentes compañeros. Dani, Porras, Elena, Sergio, Óscar, Javier, Alicia, Isabel, Sara, Alfonso, Rosa, Vanesa, Judith, Sandra y Leti (perdón si me dejo a alguien). A tod@s, ¡GRACIAS!

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  102. La palabra alternativa se pierde…

    Por RAFAEL SARAVIA

    La palabra alternativa se pierde en la prensa escrita de León. Y si se pierde la palabra alternativa se pierde un gran factor para la definición de libertad. Recuerdo a La Crónica de León como un elemento de descubrimiento alternativo dentro de las grandes vías informativas de la ciudad. Eloísa, David Rubio, López, Fulgencio, Joaquín… dieron el primer paso para descubrir en el “Guariche de rafa” los primeros pasos de un Club Leteo que apenas soñaba con las alas que vinieron. Recuerdo con gratitud esa inversión de tiempo en informar sobre lo que tan sólo era promesa, sobre aquello que tiene potencial para florecer. Por eso, por la pérdida de esa apuesta y esos profesionales que han dado su mejor vida para aportar luz y opinión a esta ciudad, me descubro ante este duelo. Y me indigno. Me rabio del todo por saber que una vez más, hay algo que le gana la batalla a la dignidad y a la profesionalidad. Una vez más la cultura pierde por culpa de la desidia y el capital. Siento enormemente esta pérdida. Un abrazo compañeros.

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  103. Encuentros (y desencuentro) con La Crónica

    Por ANA GAITERO

    En 1986 estudiaba tercer curso de Periodismo y me propuse hacer prácticas en un periódico de mi tierra. Redacté dos cartas de presentación y en Semana Santa las entregué personalmente en el Diario de León, en la redacción de Lucas de Tuy, y en La Crónica, el nuevo rotativo recién nacido en la provincia. Estaba en el Paseo de la Facultad, muy cerca de la Plaza de Toros.
    El 30 de junio recibí una llamada en casa de mi hermana. ‘Tenemos una carta tuya solicitando prácticas en La Crónica’, me dijeron. ‘Pues empiezo mañana en el Diario de León’, respondí. Así era. Por San Isidro, fiestas en Madrid, vine a León a hacer la prueba. Fernando Aller me encargó ir a un congreso de la UGT que clausuraba Demetrio Madrid y escribir la crónica. A los pocos días me confirmó por teléfono que estaba admitida.
    Así fue mi primer encuentro, o desencuentro, con La Crónica de León. Aquel verano conocí a algunas de las personas que hacían el periódico, desde José Ramón Bajo a Vicente Tascón, que estaba entonces al frente de la rotativa. Recuerdo a Isaac G. Toribio, quien hacía Cierre, y a la incisiva y arrebatadora Ángela Domínguez…
    A quienes como yo empezamos’ a hacer la calle’ aquel verano de 1986, La Crónica nos hizo crecer muy deprisa. La redacción del Diario estaba altamente motivada. Era una plantilla muy joven y compuesta por muchos recién llegados, a raíz de la ‘estampida’ de estrellas del Diario de León a La Crónica. Un episodio que llegó a nuestros oídos como una leyenda negra. Los empresarios promotores también habían sido socios del Diario de León.
    Naturalmente, la consigna en Lucas de Tuy era no dejarse comer el terreno por La Crónica. Veintisiete años después no ha habido día que haya perdido de vista a La Crónica. Y son muchos y muchas los ‘crónicos’ y ‘crónicas’ con los que he empatizado, a veces casi sin hablar, por cercanía en la labor y, sobre todo, por lo que escriben, dibujan o fotografían. Compartí banquillo en los juzgados con Isabel Bajo y Carmen Valbuena, y en las colas de Sanidad con Anabel Martínez. Me he reído mucho con Marian García, a quien tengo especial afecto, y con Paco Porras. Voy a echar mucho de menos las contraportadas de Mauricio Peña y Fulgencio Fernández y los artículos dominicales de David Rubio. Mi respeto y admiración incondicional, compañeros.
    El cierre de La Crónica es un drama para los lectores, para la provincia y lo es especialmente para cada trabajador y cada trabajadora. Aunque, como me dijo hace poco Porras, su delegado sindical, la agonía estaba siendo demasiado larga.

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  104. Café solo

    Por ALICIA TORRES

    5981. Es el número de noticias que aparecen en la hemeroteca de La Crónica firmadas por Alicia Torres (al margen de los A.T.G. de los últimos meses y de los L.C. que, muy a mi pesar, me han acompañado en los siempre desagradecidos textos de sucesos y tribunales que tanto me han costado).
    5981 noticias escritas en La Crónica. Ninguna sobre La Crónica. !!Cómo cambia todo con una simple preposición!!
    Llevaba unos seis años trabajando en Madrid como becaria y sin contrato pero no fue hasta que llegué a León, primero con una beca eso sí, cuando descubrí de verdad lo que es ser periodista. Para lo bueno, para lo no tan bueno, para lo peor y, claro, también para lo mejor. Que a veces cuesta encontrarlo pero existe.
    Me quedo con mi primer día cuando el jefe de sección de comarcas de entonces, Carlos J., me puso a divagar sobre las cigüeñas y me dejó escribir una noticia del día: la entrega del guirrio honorífico al presidente de la Diputación, Javier García Prieto. ¡¡¡El faldón de una página!!!
    Incluso proponiéndome escribir del cierre del periódico me resulta imposible y hago justo lo contrario: escribir de mis inicios. El comienzo de mi etapa que, a su vez, resultó ser el principio del final de La Crónica que se ha ido estirando como un chicle hasta el 31 de julio de 2013.
    Poco tengo que añadir sobre los motivos por los que el periódico dejará de estar en la calle… Ya se sabe todo sobre los propietarios, la crisis, el ladrillo, la mala gestión, los procesos judiciales, la desidia, una huelga de los trabajadores (de los currantes) que aún cuesta creer que no sirviera para nada…
    Personalmente, estos últimos meses no han sido fáciles, los próximos tampoco lo serán, pero por las mañanas, con esa idea romántica del periodismo, siempre me ‘prestaba’ leer lo que había salido publicado en La Crónica con mi descafeinado. Ahora tendrá que empezar a gustarme el café solo. Literalmente solo.

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  105. El 11 de septiembre en León

    Por ANA FRONTELA

    La actualidad, a diario, también nos pone pruebas. Ese día, como muchos otros, la noticia nos volvió a unir.
    Aquel 11 de septiembre de 2001 el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York conmocionó a medio mundo y también a los que trabajábamos en este periódico de provincias pero que, para muchos de nosotros, se había convertido en nuestra segunda casa. A los pocos minutos de ver aquello por televisión nos encontramos muchos de nosotros en la redacción, sin llamadas, sin previo aviso. Todo el mundo intuía que la jornada iba a ser larga.
    Pasamos una tarde intensa tratando de localizar amigos, familiares, conocidos de León que estuvieran viviendo allí y nos pudieran contar de primera mano todo lo que estaba pasando.
    Aguantamos el ritmo frenético, como lo hacíamos cada día que entrábamos por aquella puerta del Polígono X. Y lo hacíamos porque, en el fondo, sólo éramos un grupo de locos periodistas obsesionados con contar la noticia; por entender, por compartir y transmitir la pasión por esta profesión que, como dice Gabriel García Márquez, “seguirá siendo el oficio más bonito del mundo”.
    Aquel 11 de septiembre la jornada se alargó hasta bien entrada la madrugada. Cuando todo acabó, rememoré mi primera lección en esta profesión: “Frontela, al final todo sale”. La compartió conmigo la que durante años fue mi compañera de batallas en todo eso, Ana Rosalina López, junto con María Jesús García Otero (‘La nuestra Susi’, como la solía llamar el gran Fulgencio).
    “Si la noticia está ahí, siempre sale a la luz, cueste lo que cueste”, me decía. La nuestra, todavía hoy, se puede leer en las hemerotecas de aquel 11 de septiembre porque, el atentado, también fue noticia en León.

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  106. La Crónica, 27 años de historias

    Por ÁNGEL DE JESÚS

    Es curioso, pero lo que ha supuesto el principio del fin de La Crónica –la separación de El Mundo– es lo que, como a otro puñado de buenos periodistas, me dio la oportunidad de entrar en el periódico. No me puedo creer que vayan a dejar a los lectores sin las historias que, como nadie, saben contar Mauri y el tío Ful; sin las críticas de Joaquín y Emilio y sin las columnas de David, pero también sin el trabajo del resto de secciones. He trabajado en varios lugares, pero en ninguno me he encontrado un grupo como el que conformaba la sección de lo que dieron en llamar Vivir, pero siempre fue Cultura, Cultura con mayúsculas. Es difícil encontrar gente con tanto conocimiento como Fulgencio, Emilio, Joaquín o Carlos. He llegado a ver a alguno reproducir los diálogos de una película con el sonido de la tele apagado. Quien haya leído durante todos estos años el periódico sabrá de lo que les estoy hablando.
    Es triste que poco a poco hayan ido matando un buen periódico y hayan despreciado tanto buen trabajo. Cerrarán la persiana, pero no podrán borrar los buenos recuerdos y el poso que quedará en los leoneses después de estos 27 años de noticias e imágenes.

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  107. ‘Los buenos’

    Por DARÍO PRIETO

    Acabo de pasar por la sede de La Crónica con mi hija y su madre, a la que conocí precisamente allí. Podría bastar este hecho para demostrar la importancia que tuvo el periódico en mi vida. Pero es que, viendo aquella redacción, tan sólo con Porras, Roberto y Jorge, me ha venido una catarata de recuerdos. El primero, el de mi tío Antonio, que en paz descanse, metiéndome en el coche y llevándome hasta la sede de la plaza de toros, saltándose el “oigadóndevausted” de la recepcionista y colándose en el despacho de Óscar Campillo al grito de “ahí os dejo al chaval”. De aquellas, he de reconocerlo, el periodismo me interesaba tirando a nada: estaba enfadado con León y con el mundo y era la única carrera que me permitía escapar de aquí. Pero en La Crónica me encontré con gente como Violeta, Eva, Marian, Jota, Porras, Toñi, Dani, Ful, David, López, Archipedro, Carlos J, Eloísa y otros muchos que me mostraron que esto es un oficio, lejos de los juegos de poder de los grandes medios nacionales. Un oficio que podía ser estupendo. Aprendí a querer mi ciudad y mi provincia, y también descubrí la podredumbre que habita en todo desde la base; es decir, que en el mundo real siempre ganan los malos. Afortunadamente, en La Crónica conocí a muchísimos de los buenos, algunos de los cuales son todavía mis amigos, lo cual es una inmensa suerte para mí. Y ellos, a pesar de Sopranos ladrilleros y de una ciudadanía cada vez más contenta de su ignorancia, son los que hacen que luzca como único orgullo de mi actividad de periodista el haber pasado por La Crónica de León.

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  108. Ojalá fuera un sueño

    Por ELENA IBÁÑEZ

    No resulta nada fácil decir adiós al periódico donde muchos dimos nuestros primeros pasos en el mundo del papel. La Crónica de León se despide, al igual que sus trabajadores, los que día a día y noticia a noticia han estado luchando para que el periódico saliera a la luz sin problemas. Los que hemos estado en esa gran sala rodeados de ordenadores, teléfonos y torres de papel sabemos lo qué es el oficio del periodismo. Duro cuanto menos, pero gratificante como pocos. Sin una hora de salida fija para irnos a nuestra casa pero satisfechos por el trabajo bien hecho. Me pregunto sí alguno de los grandes que maneja los hilos de nuestra Crónica de León conoce el oficio, sí sabía lo que era priorizar noticias o sí conocía aquello de maquetar páginas.
    Supongo que ahora ya da igual buscar culpables, pero claro está que mientras unos trabajaban, otros “gestionaban” y que toca decir adiós para siempre.
    A partir del miércoles, 27 años de trabajo se convertirán en salas vacías, teléfonos sin respuesta y un medio de comunicación menos en la provincia de León, lo que conlleva a menos pluralidad informativa y desastre para nuestro gremio.
    Hace un año por estas fechas tenía mi sitio como periodista en prácticas en este gran periódico, donde personas que aman su trabajo me enseñaron qué era la prensa escrita, cómo expresarme mejor y qué hacer sí un suceso se comía todo el trabajo que habíamos hecho entre todos.
    Me gustaría que esto fuera un sueño, que La Crónica de León siguiera adelante, y que sus páginas llenas de letras y fotografías siguieran contando qué es lo que sucede cada día en León. Y aunque es gratis soñar, espero y deseo que el destino les vuelva a juntar en una aventura nueva y que puedan seguir amando su trabajo.

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  109. Más que lecciones de profesión

    Por ÁNGEL NEGRO

    El consejo sigue resonando en mi cabeza: “Lo más complicado es titular el reportaje. Resumir la pieza en una frase… ¡En serio! Es lo más difícil de la profesión. Perderás mucho tiempo intentando encontrar las mejores palabras, cambiando expresiones, recortando espacio. Pasarán minutos. Y aún así llegará un día, cuando ya hayas salido de la redacción rumbo a casa, cerrada la jornada, mañana más y mejor, que descubrirás que en realidad había otra forma de titular, que existía otro verbo para definir mejor tu idea de la jornada. Tu pieza firmada. Y será entonces cuando llamarás por teléfono a la redacción para intentar cambiar el titular in extremis. Lo harás”.
    Joaquín. Fulgencio. Emilio. Y Carlos, amigo, con quien todavía recuerdo nuestras discusiones. Lo que todos me enseñaron en esa redacción ubicada en los bajos de un edificio residencial, la primera vez en mi vida que escribía para un periódico durante un verano de prácticas, fueron más que lecciones de profesión o chascarrillos de prensa. Su pasión por hacerme entender el trabajo me marcaron a fuego. Entendí mejor el periodismo porque ellos se esforzaron. Me hicieron mejor profesional.
    No sé si lo peor de que desaparezca un periódico y de que excelentes personas se queden en la calle tiene algo que ver con la calidad de nuestra democracia. Creo que es más sencillo; más bien se trata de la calidad de nuestra sociedad. La misma sociedad, despiadada y en profunda crisis, que permite en silencio la agonía de un gremio que cuando aporrea su teclado, lo único que intenta en León o en Murcia es hacer mejor nuestro devenir.
    El equipo de La Crónica lo hizo con la cabeza alta. Y mi mirada se ha enriquecido desde entonces.
    Porque hice varias veces esa llamada cuando la redacción estaba a punto de cerrar. Porque siempre tendré en mi memoria sus nombres y sus palabras.
    Gracias a todos.

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  110. Larga vida

    Por JAVIER CAMPOS

    Se va La Crónica, y algo se muere en el alma de quienes intimamos con ella. Yo, humildemente, creo que llegué a hacerme su amigo en los algo más de 30 días que tuve la suerte de darle a la a, a la b y a la c de la actualidad leonesa en un polígono con el enigmático nombre de X. ‘El Breve’ me llegaron a apodar quienes supongo que pasados más de cinco años de aquello casi ni me recuerdan.
    Breve paso, sí, pero intenso, muy intenso… De los que marcan para toda la vida. La Crónica se separaba de El Mundo e iniciaba un camino en solitario minado de incertidumbre que quizás ahora, visto con el tiempo, no era sino el comienzo de su hoy triste final. Su particular marcha hacia el precipicio o, por qué no decirlo, su particular salto al vacío. Sin embargo, por respeto a mis compañeros, no soy yo la persona más apropiada para situar las causas y los orígenes de la que quién sabe si ya entonces era la crónica, sí, pero de una muerte anunciada, que probablemente también.
    Dijo uno de los grandes que las malas personas no pueden ser buenos periodistas olvidándose de que los buenos periodistas tampoco podrán ejercer como tales en periódicos propiedad de malas personas.
    La Crónica que yo conocí, pese a que entonces también se escribiese o comenzase a escribir con renglones torcidos, era un grupo de compañeros que vivían y sentían el periodismo 24/7, es decir, las 24 horas de los 7 días de la semana; eran un grupo de profesionales que tenían la sana costumbre de seguir viviendo y sintiendo el periodismo tras cerrar la edición alrededor de unos tragos en el bar de enfrente que ahora no logro recordar cómo se llamaba; eran trabajadores con nombres y apellidos a los que ni Martínez ni Núñez podrán arrebatarles ni esas vivencias ni esos sentimientos.
    “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”, dijo otro de los grandes… éste olvidándose de que en ocasiones uno llega a dudar si de verdad vale la pena sufrir de esta manera y de que los perros, a veces, no sufren tanto como las personas. Ya no es el trabajo, que lo es, es que no te paguen por trabajar, lo que también ha pasado…
    Tampoco me corresponde a mí hablar de lo que no sé. Llegué a La Crónica en marzo del 2008 y me fui en mayo de ese mismo año. Apenas estuve un mes largo compartiendo venturas y desventuras informativas en un León en el que ya empezaba a hablarse de la maldita crisis, pero casi un lustro después, sin una bendita salida para la misma, me sigo sintiendo uno más. Otros diarios a los que del mismo modo me guiaron mis pasos han vivido situaciones similares desde que comenzó todo (¡qué decir de mis queridas ‘Tribunas’ también con ladrillo castellano y leonés de por medio!).
    Se va La Crónica, otra cabecera más y van…, y algo se muere en el alma de quienes en algún momento dado formamos y nos sentimos parte de ella. Que qué puede representar algo más de un mes en 27 años de historia, se preguntarán algunos; representar lo que se dice representar, casi nada, pero espero que, como mínimo, aportase un granito de arena al gran montón que ha llegado a formar una redacción que nunca perdió el pulso a eso de contar historias contra viento y marea (y directores generales). Un montón que desde hoy mismo se erige como un monumento más al oficio más hermoso del mundo, pero también al más degradado y denigrado… ingrato como pocos, pero que a la vez da tantas satisfacciones que lo llegan a hacer que parezca hasta agradecido.
    Corren malos tiempos para la profesión, pero si el alma de un periódico son sus periodistas, en momentos así conviene recordar que los desalmados son otros. Un abrazo y mi reconocimiento a los primeros. La Crónica ha muerto, larga vida a sus buenas personas… larga vida a sus buenos periodistas.

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  111. Va por ustedes

    Por ALBA GARCÍA

    Y así quería empezar… Porque os lo merecéis, porque sois muy grandes y porque habéis Trabajado duro y como profesionales hasta el último día. Ese maldito día en el que todos pensabais que podía llegar… pero que ninguno quería imaginar. Porque hoy se van muchas ilusiones, y porque hoy, ya no volveréis a trabajar en “esa” redacción, y digo esa porque tiene un aura especial, y porque a más de uno le hubiera gustado respirar es ambiente, esa profesionalidad, ese compañerismo, esa juventud. Solo el que ha estado allí sabe de lo que estoy hablando. Lo mejor de todo ha sido esa gente, desde que entras por primera vez por la puerta de delante, hasta que te acostumbras a utilizar la puerta de atrás… esa puerta que ha servido de tanta inspiración… de largas conversaciones, de risas, y también de inseguridades. Pero solo aquellos que la han usado saben de lo que estoy hablando… Porque desde que entrabas eras uno más. Gracias amigos por ser como sois porque habéis contado la verdad, porque no os han contaminado, y porque habéis estado siempre ahí. Porque lo más importante para vosotros era esa gente que os leía… así que hoy os lo debemos… porque los que os conocemos hablamos por boca de esa gente a la que vosotros dabais protagonismo, a la que habéis ayudado y también imagino que habrá gente a la que no hayáis gustado. Pero por todos ellos hoy nos toca a nosotros rendiros este pequeño homenaje, porque yo de vosotros he aprendido, me habéis acogido y ayudado…. porque os lo merecéis, porque sois muy grandes y a los grandes solo les pueden pasar cosas buenas… y así quería terminar…

    Yo llegué a Cultura en el 2010
    Al principio, como todos recuerdan, choqué.
    Del Riego al principio se asustó,
    pero luego fue él quien me enseñó redacción.
    Cuando Jorgito de vacas volvió, de mi se rió
    Pero fue entonces donde comenzó la emoción.
    Deportes él me enseño y por las noches
    todos juntos íbamos al Húmedo de reunión,
    de cortos eso sí para liberar tensión.
    Otros como César F. Butrón iban a mostos
    para poder escribirme luego en el blog.
    Joaquín Revuelta me sorprendió, por su grandeza
    Y buen corazón, al igual que Carmela
    que diseñó esos periódicos que leía el lector.
    Ese verano para mí fue el mejor y Dani el ‘direc’
    Allí se quedó. Fuera de series que hay en León
    Que nunca lo olviden que para MÍ son lo mejor.
    Gracias por todo de corazón
    Porque la filosofía de LA CRÓNICA DE LEÓN a mi me cambió.

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  112. Vuelve a ser verano

    Por MARTA DE CELIS

    Todos hemos visto en verano alguna película de estas de sobremesa, en su mayoría malísimas, en las que generalmente un adolescente va a un pueblo en el que tiene algún familiar a pasar sus vacaciones con él y lo que esperaba que fuera un verano aburridísimo acaba siendo el mejor verano de su vida. Yo tuve una experiencia similar, aunque con bastante distancia, dado que la película de mi verano sería un éxito de Hollywood, en el verano de 2009 cuando hice mis prácticas en La Crónica de León. Me fui a la ciudad del Bernesga sin ninguna expectativa, sólo porque tenía familia ahí y porque mi mente necesitaba salir de Valladolid. Así que pasé el verano siendo becaria de deportes, trabajando mucho, saliendo mucho, aprendiendo sin parar, y, sobre todo, conociendo a la gente maravillosa que ha formado y forma parte de la historia de ese periódico.
    Desde el fondo de la redacción, donde los de deportes y los de cultura teníamos nuestras charlas filosóficas y nuestros momentos de estrés (esto sobre todo los de deportes) me fui empapando de periodismo. Y además de lo mucho que aprendí leyendo los textos de gente como Porras, David o Ful, o las fotografías de Mauri, en la sección de deportes tuve a mis maestrillos particulares, que fueron los que me hicieron ver que me podía dedicar a esto. César y Jorge, cada uno a su estilo, tuvieron la santa paciencia de aguantarme, me convirtieron en periodista y se ganaron un lugar especial en mi corazón para siempre, esté donde esté.
    Porque de eso trata en su mayor parte el periodismo, de corazón, y de gente. Y en este momento triste, en el que se marca un final, recordamos que a La Crónica corazón y buena gente le ha rebosado por todas partes. Gracias por nuestro verano de película. Muchísima suerte amigos.

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  113. Mil y una veces

    Por LAURA BERMEJO

    Siempre imaginas cómo será tu primer trabajo. La gente se empeña en meterte miedo para que llegues allí con el rabo entre las piernas y en esto del periodismo, los becarios tímidos estamos a la orden del día. Tal vez el peor momento es cuando te ves en frente de la puerta y piensas “y si…”, seguido de las millones de desgracias que crees que te pasarán y las miles de veces que meterás la pata.
    Ahora bien, después de un mes en este periódico tengo una visión mucho más objetiva de todo esto. Es ahora cuando las dudas que tenía se convierten en ganas de seguir trabajando, cuando empiezas a dar valor a los profesionales que te enseñan que las cosas no son tan difíciles como las ve una alumna de último año y que, en la vida real, todo va mucho más allá de un simple proyecto de fin de asignatura.
    ¿Qué diré ahora cuando me pregunten? Lo tengo bastante claro. Puede que mi experiencia haya sido más corta de lo que esperaba y el programa de fiestas de los pueblos no sea una exclusiva que lance mi carrera. Tal vez, después de que esto cierre, nadie sepa mi nombre y es probable que mis compañeros hayan trabajado en medios de mayor difusión; pero dudo muchísimo que ellos hayan podido disfrutar de este “bueno rollo” que me ha rodeado todos y cada uno de mis 31 días aquí y dudo aún menos que alguien pueda quitarme este buen sabor de boca. He aprendido más aquí de periodismo que en toda mi carrera, por eso y mucho más, si tuviera que volver atrás, pediría las prácticas en La Crónica de León una y mil veces.

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  114. Canterano de La Crónica

    Por HUGO CEREZO FERNÁNDEZ

    Fue un mes justo ahora hace 10 años. Pero esos 30 días siguen siendo inolvidables. Una mini beca en la sección de deportes de La Crónica de León, cubriendo la Cultural, mi Cultu, un sueño cumplido. Allí estuve, usurpando el ordenador de Jorge Callado, que estaba de vacaciones, a la derecha de César F. Buitrón, enfrente de Roberto Fernández, a cuyo lado faltaba el jefe, Javi Calvo. Entré por recomendación de Fernando Pérez-Soto. Eternamente agradecido.
    Acababa de leer las Estaciones Provinciales, del maestro de Villablino Luis Mateo Díez. Llegaba con el periodismo de provincias idealizado. Pero la realidad superó la ficción. Me encontré con una familia. Pronto fui Huguito el de La Virgen, como me decía Don Fulgencio Fernández, el tío Ful, un maestro contando historias, un referente siempre, que uno se pregunta cómo carajo ninguna editorial ha hecho de él un Messi de las letras.
    Aprendí a escribir esos textos interminables, siempre protestando, porque se me iba el último autobús que subía al pueblo. Gracias a César entrevisté a Paola Tirados, Mario Pesquera, Luis Ángel Duque… Hasta a Manolín, el utillero de la Cultu. No me hace falta buscar los periódicos que tengo guardados. Me acuerdo hasta de los titulares. Esa hemeroteca siempre me acompaña. También saqué a mis primos, una pequeña foto, en una carrera popular por el Ayuntamiemto de Valverde. Seguro que ni se acuerdan. Yo sí. Hasta de un bolo. “Pinillos, dispuesto a firmar por objetivos”. Pinillos acabó jugando en Europa con el Racing. En León no se le vio el pelo.
    Acabó la beca y volví a Marca, pero siempre que pude estuve vinculado al periódico, mejor dicho, a los que lo hacían, porque los diarios son sus periodistas, pocas veces los jefes, en esta por supuesto que no. Hice alguna crónica de la Cultu en Segunda B, viví noches mágicas en la Copa contra el Atlético y el Athletic, con cena de embutido postpartido en la redacción, me llevé varapalos de liguillas… Al día siguiente volvía a Madrid con más páginas de La Crónica para la colección.
    Siempre que voy a León procuraba pasarme por el Polígono 10, por la puerta de atrás, que es la buena, para llevarme a alguno de estos a tomar un café, a llorar las penas de la Cultu, del periodismo y de los periódicos, a ver cómo cada vez la redacción estaba más vacía y triste, resistiendo como el séptimo de caballería, con el oficio por bandera, porque de nóminas ni rastro.
    No nos pilla desprevenidos, pero no por ello duele menos que estos grandes periodistas y mejores personas se queden sin su periódico, sin su trabajo, sin su ilusión. Yo, al menos, siempre presumiré de ser canterano de La Crónica. Aunque fuera una ‘cesión’ breve, no la olvidaré en la vida.

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  115. Yo también fui crónico…

    Por LUIS ÁNGEL GARCÍA

    Yo también fui crónico, en la primera sede del periodico, era uno de los (animales nocturnos) de La Crónica, los que estabamos toda la noche corriendo de un lado a otro peleándonos con la tinta y el agua, con las suscripciones, con las revistas, embuchando el periódico, cambiando bobinas, etc…., aparte de saber hacer casi de todo lo concerniente a fotomecánica y composicion (por si había que repetir alguna plancha a altas horas de la madrugada) y por supuesto, rezando para que ”CAROLINA” (así llamabamos a la rotativa) no tuviera el día tonto. Guardo muy buenos recuerdos de aquella epoca y de mis compañeros, eran tiempos antiguos en La Crónica en los que, casi a diario, alguien comentaba algo sobre la gran promesa de ”la nave nueva”, mientras llegaba teníamos que conformarnos con achicar el agua cuando aquello se inundaba, pero seguíamos con buen humor y los problemas parecian mas pequeños. Recuerdo que alguien cambió el nombre de la seccion de fotomecánica por el de “fotonáutica” (seguro que fue JUAN CARLOS, conocido por aquel entonces como “el de los pantalones raros”); fueron tiempos difíciles que recuerdo con cariño y me parece justo nombrar también a esas personas con las que compartí tantas noches, todos teníamos algun mote: estaban AGUSTIN Y CELSO (los hermanos dalton), PABLO (brito), VALENTIN (valiente), FERNANDO (el heavi oficial), yo era el rockabilli oficial (el gato isidoro); también estaban (los carboneros): RAMON BLANCO toda la noche corriendo, MOISES FERRERO nuestro músico particular demostrando cada noche que los viejos rockeros nunca mueren y PABLITO peleándose con la tensión de las bobinas, si se me pasa alguno, que me perdone, hace muchos años y la memoria… Por último quería nombrar a una persona que fue muy querida para mí y para mucha gente y al que todo el mundo acudía, el que sabía dónde estaba todo, el que solucionaba todo, sus conocimientos en prensa se remontaban a la era de la LINOTIPIA y siempre nos animaba con la misma frase (ya vendrán tiempos mejores…) , estoy hablando por supuesto de PEDRO ISABEL AZCARAY; era ese trabajo que no se ve y toda esta gente no salía nunca en la foto, pero eran el último eslabón de la cadena y sin todos ellos , esto no hubiera sido posible.

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  116. Un cumpleaños feliz

    Por JOAQUÍN REVUELTA

    Esta fotografía recoge la celebración de mi 50 cumpleaños en La Crónica. Un momento feliz para mí por la solidaridad de mis compañeros. Agosto de 2010. Con especial dedicatoria a Alba García, mi becaria en aquel verano. Un abrazo.

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  117. Mi primera vez

    Por MIREIA MOYA

    Una pena que una parte de la cultura eche el cierre y apague sus luces. Yo estuve poquito tiempo entre esas paredes, pero fue mi primer contacto profesional con lo que me gustaba y siempre llevaré esa pequeña crónica conmigo. Y sobre todo me llevo el recuerdo de esa buena gente que hace las cosas bien porque le gusta su trabajo y porque cree en él.
    Supongo que esta etapa no ha sido fácil para los últimos y han dado un empujón con todas sus fuerzas.
    A todos ellos ánimo y seguid haciendo las cosas cosas así. Porque que cierre, no quiere decir que no haya un gran trabajo detrás.

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  118. La Resistencia

    Por ÁLVARO LAIZ

    La Crónica fue el lugar donde comenzó todo para mí. Me gustaba tenerla ahí, donde siempre, recordándome cómo se hacen las cosas. Qué cojones, me gustaba sentir que aún quedaba una aldea que resistía la tentación de tratar a los lectores como ciudadanos en lugar de meros consumidores. Y sentirme orgulloso de haber tenido la ocasión de compartir redacción con todos ellos, aunque eso, bien mirado, no me lo puede quitar nadie. La Crónica desaparece, su ejemplo no.

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  119. Siempre en mi recuerdo

    Por SERGIO VILLARROEL

    Verano de 2011. Recién terminada mi licenciatura de periodismo aterrizo en León para ser uno de los becarios de La Crónica. ¿He dicho becario? Quería decir un periodista más de la plantilla. Desde el primer momento me siento valorado por la redacción. Soy un miembro más del equipo. Me dan libertad para escribir, para proponer temas. En definitiva, para ser periodista.
    Mis 60 días en aquella redacción serán imborrables. Sentí el periodismo las 24 horas del día. Su rutina, sus complicaciones y sus alegrías. Los descansos en El Olvido, esas noches en El Gran Café, los cortos por el Húmedo… Todo esto con mis compañeros de profesión. Sin duda, éramos una pequeña familia.
    Nada más llegar, recuerdo que me dijeron dos cosas: “¿Vas a salir de fiesta con Porras?, No aguantarás” Y la segunda: “Todo el que pasa por aquí, siempre vuelve”. Cumplí con las dos. Compartí muy buenos momentos con una de las mejores personas que he conocido en León y, efectivamente, en repetidas ocasiones he vuelto a pisar la redacción.
    Solo soy una milésima e insignificante parte de los 27 años de historia del periódico, pero me siento tremendamente feliz de poder decir que yo, también fui de La Crónica.

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  120. Otra estrella se apaga

    Por RAQUEL SANTAMARTA

    Lo suyo sería escribir algo sobre La Crónica con motivo de su treinta aniversario, no porque a los 27 años su vida se haya visto cercenada. Esa maldita edad en la que se han apagado grandes estrellas como Amy Winehouse, Janis Joplin, Kurt Cobain, Jimi Hendrix y Jim Morrison. Ellos nos dejaron canciones de herencia, pero los que formamos parte de este periódico (aunque fuera durante un breve periodo de tiempo) documentamos parte de la historia de León, una ciudad que hoy se queda sin una de sus cabeceras.
    Me gustaría que este capítulo tuviera alguien que quisiera darle continuidad. Porque no los merecemos todos los que cada día nos levantamos con las ganas de seguir juntando letras y captando momentos. En La Crónica hice mis primeras prácticas. César Buitrón me llevó a Deportes, terreno en el que estaba más que verde, pero dos veranos después había aprendido lo que era un fuera de juego (es broma, eso al menos lo sabía) y, por supuesto, a pensar como un tío, como le contesté en su día a Javi Calvo. Me gané el apodo de burbujita y aún hoy lo recuerdo con una sonrisa.
    De La Crónica me llevó a toda su gente. No puedo tampoco olvidar que fue mi escuela. Y mucho menos dejar de pensar que me dio la primera oportunidad de ser periodista, una profesión para la que hemos nacido y de la que nadie nos va a quitar del medio tan fácil. Yo al menos me niego.

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  121. Muchas gracias y hasta siempre, ‘Crónica’

    Por GIL FERNÁNDEZ

    La Crónica de León baja la trapa. Los ordenadores se apagan y la rotativa se para. Ya no saldrá ningún número más de este periódico que nació hace 27 años y se convirtió en un referente para los leoneses, los mismos que ahora se quedan huérfanos de información y a los que no les quedará más remedio que rendirse a lo que publique el único medio escrito en papel que queda en la provincia, como quien se rinde a las doctrinas de cualquier catecismo. Qué injusticia.
    La Crónica de León se va, abandonado por sus creadores. Aquellos que quisieron tener un juguete con ánimo de lucro para forjar aún más su fortuna a costa de los políticos, de las concesiones, pero sin tener en cuenta a sus propios empleados, los que día tras día sacaban a la luz el periódico con gran profesionalidad, una enorme ilusión y, en los últimos meses, con mucho esfuerzo, sudor y lágrimas, lágrimas de impotencia ante la dejadez de los empresarios corruptos a los que no se les ruboriza la cara, ni siquiera cuando dejan a deber la nómina durante muchos meses a su gente. Abandonado por políticos de buenas palabras, como buenos políticos, pero que miran hacia otro lado (salvo cuando quieren salir en la foto) aferrados a su poltrona y, quizás pensando que: “estos ya no nos tocarán las narices”.
    La Crónica de León ha sido todo un referente para mí desde hace 25 años y me siento orgulloso de haber pertenecido a esa gran familia durante un cuarto de siglo. Siempre lo cuento, así que pido perdón por la reiteración, pero nunca olvidaré aquel día de verano de 1988 en el que mi amigo y mentor, Fernando Pollán, ofreció la posibilidad de formar parte de este medio que había visto la luz apenas dos años antes. Mi querida SD Hullera, otra especie en vías de extinción al igual que La Crónica, acababa de ascender a Tercera División y el periódico necesitaba un corresponsal de deportes en Ciñera de Gordón. Unos datos ficticios de un partido cualquiera fueron la antesala de una crónica deportiva como prueba para demostrar mi valía. Parece que aquello convenció a Fernando, lo que me dio paso a arrancar la aventura más apasionante de mi vida, amando el periodismo y queriendo mucho más al deporte, el que nunca practiqué físicamente por circunstancias, pero al que siempre estuve unido desde las gradas, las cabinas de prensa o a pie de pista. Y, nunca olvidaré aquel primer partido en el que me estrené oficialmente. Era la segunda jornada de la temporada 1988/89 en un Hullera-Benavente, en el que el equipo de Ciñera ganó 1-0 con un gol de Bardón, jugador leonés que acababa de fichar por la Hullera como refuerzo para jugar en Tercera División.

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  122. Muchas gracias y hasta siempre, ‘Crónica’

    Por GIL FERNÁNDEZ

    La Crónica de León me ofreció y me dio mucho más que un primer trabajo aquel verano de 1988 con tan sólo 20 años. Me hizo hombre. Me forjó en la responsabilidad de hacer las cosas bien, más allá de juntar letras mejor o peor. Me abrió caminos más amplios y me concedió el honor de conocer a infinidad de gente, profesionales del propio periódico que más tarde y desde mi timidez se convirtieron en amigos y compañeros, como Javier Calvo, el gran César Fernández Buitrón, Jorgito Callado, Pipaón, Rubén Ortega, Jesusín Coca, el amigo Reca, etc. etc., por citar la sección. Personajes anónimos, que únicamente ‘conocías’ de hablar por teléfono para enviar las crónicas de la Hullera y del deporte en Gordón cuando no existían los correos electrónicos, y que más tarde se convirtieron en grandes y fieles amigos de esos que sabes que puedes contar con ellos para lo que sea, como Esther, la ayudante de redacción. Gentes de diferentes deportes como fútbol, baloncesto, balonmano, atletismo…; Jugadores, directivos, entrenadores, tanto masculinos como femeninos e, incluso, aficionados que siempre te saludaban con una sonrisa y, en muchos casos, intentaban darte letra para las crónicas. A todos, muchísimas gracias a todos por esa oportunidad que se me brindó.
    Hoy es el día del adiós de La Crónica de León y necesitaba escribir estas líneas a modo de despedida. Aunque poniendo cualquier canal de televisión a las dos de la madrugada cualquier charlatán nos quieran hacer creer que se puede adivinar el futuro, sé que nadie tiene su destino comprado. Pero, auguro que mis días como periodista han llegado a su fin. Es más, aunque algún otro medio quisiera contar con mis servicios, nada será lo mismo. La Crónica de León siempre tendrá en mí ese sentimiento irremplazable por mucho que pase el tiempo. Ahora, se abren nuevos horizontes. Menos fines de semana hipotecados con los partidos, más dedicación familiar (santa paciencia, mi amor) o más tiempo libre para otros menesteres, entre los que no descarto seguir viendo partidos. Y, es que, el que no se consuela…
    Dice el tango que ’20 años no es nada’, pero en estos 25 años que pasé como colaborador de esta escuela haciendo mis pinitos en el periodismo estuvo mi vida. Al igual que La Crónica de León, se cierra una trapa que nunca volverá, aunque los recuerdos siempre permanecerán vivos en la memoria.

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  123. Mi periodo de prácticas en La Crónica de León

    Por ABRAHAM LÓPEZ

    Se acaba mi estancia en La Crónica de León, una estancia breve pero intensa. Solo he estado un mes y ha sido de prácticas. Vine desde Valladolid al finalizar la carrera de periodismo a hacer las prácticas a un diario que yo mismo elegí. Alguna vez, en mi estancia en León, había leído el periódico y por eso decidí hacer las prácticas ahí.
    A los quince días de trabajo, en el que estuve aprendiendo bastante sobre cómo se deben hacer las cosas, sale la noticia de un ERE definitivo (Expediente de Regulación de Empleo) de extinción de plantilla. Vi la cara de todos mis compañeros y me quedé pensativo al ver la preocupación en sus ojos. Me hice una idea de lo que estaba ocurriendo y me preocupé por ellos. Mis prácticas estaban previstas para un periodo de tres meses, hasta finales de septiembre, y que por desgracia no he podido terminar, pero no me importa porque en este tiempo he conocido a unas personas maravillosas y unos profesionales como la copa de un pino. Profesionales, porque a pesar de las adversidades que han estado viviendo en los últimos años por la falta de solvencia que vivía el diario, ellos no han dejado de trabajar y luchar ni un día, han estado hasta el último momento trabajando para hacer llegar a la gente de León todo lo que ha estado pasando, para que estén informados.
    La Crónica de León es un periódico que lleva a sus espaldas 27 años informando a la población y que era un referente en la provincia. El cierre el diario no era algo inesperado ya que desde 2009 llevaban arrastrando una situación difícil para todos.
    Terminaron mis cinco años de estudio y veo un panorama que ya conocía de antes. Un panorama negro para cualquier sector. Salí graduado con ilusión y eso, pese al panorama actual, no me lo quita nadie. Yo, al igual que mis compañeros seguiré adelante.
    Es una pena que en la sociedad actual en la que vivimos veamos como cierran periódicos, que en los últimos años ya han sido unos cuantos, y la gente no se preocupe, les dé igual. El diario o medio puede ser o no de nuestro gusto, eso no importa, lo realmente importante es que, con la escusa de la crisis, a los ciudadanos les están robando un derecho fundamental como es el derecho a la información y callando la libertad de expresión. La profesión de periodista no es un oficio que puede ejercer cualquier persona, es un oficio para el que se tiene que nacer, es una vocación. Por eso no entiendo cómo ante el cierre de los medios la gente no haga nada.
    Sé que soy joven y no tengo experiencia en el sector para hablar de algo tan serio, pero es que nadie dice nada. Solo quiero mandar ánimo y fuerza a todos los compañeros de La Crónica que estoy seguro que dentro de poco estarán informando otra vez desde otro medio porque son unos brillantes profesionales. Acabemos donde acabemos todos somos compañeros y el respeto a la profesión y los profesionales es vital. Nunca olvidaré a J.J. Porras que ponía entusiasmo y simpatía a todo, a Jorge Callado, mi jefe y el que me enseñaba a poner las cosas en su sitio o todo lo contrario, por no ponerlas, y a David Rubio, mi otro jefe, que me mandó a ruedas de prensa e hizo que me soltase desde el principio, y a todos los redactores del diario. Tampoco olvidaré a mis compañeros de fatigas, también becarios como yo. A todos mucha suerte y que todo vaya bien, porque todo irá bien.

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  124. Adiós gracias a Dios

    Por PACO LABARGA

    A tomar por el culo de una puta vez. Tengo la polla inflada de tanto escuchar eso de que el cierre de La Crónica supone una merma de libertades y de pluralismo informativo. ¿Pero qué mierda es esa?. Aparte del indeseado efecto que este cierre tendrá sobre el magnífico grupo de personas con las que he trabajado en León y en Ponferrada y de las que he aprendido cada día, el cierre de La Crónica es justo y necesario. La Crónica se había convertido en un atentado contra la libertad de expresión y de información. A lo mejor es que era yo el único que se comía los marrones y todos los demás compañeros escribían con plena libertad. Pero realmente yo estaba ya hasta los cojones de tanta sodomía intelectual y de tanto tragar pollas, que ya tengo la mandíbula dislocada y el culo como la bandera de Japón.
    Todavía hace pocos meses el anormal de Martínez Parra, que ojalá se pudra en la cárcel, por botarate, llamó al ‘tarao’ del nuevo director general, Raúl de las Heras, un tipo indocto cuyo ‘camaleonismo’ sólo es comparable a su demostrada ineptitud, para que le hiciéramos un panegírico mamporrero al padre de Ismael Álvarez, que había fallecido dos días antes. El fallecido era un hombre sencillo, sin ningún afán de sobresalir, y menos en los papeles de ‘Martinone’, que ya para entonces eran algo así como los de Bárcenas, pero con peor reputación y pronóstico. Ismael Álvarez, obvio es decirlo, declinó cortesmente la oferta, evitándole a La Crónica una nueva ocasión de hacer el ridículo. Para entonces yo ya llevaba varios meses sin cobrar, pero eso al ‘Fillo’ se la pelaba y se la pela con la bobalicona aquiescencia de un director que nada más acceder al puesto aparcó sus convicciones y hasta la memoria de sus orígenes.
    Ya estaba hasta los cojones de tener que defender las indefendibles bondades y beneficios de la cantera de Las Médulas, en Carucedo, una explotación sangrante e insultante, propiedad de Martínez, si no la ha perdido todavía, que debía llevar décadas cerrada, de no ser por todos los tipos de la Junta a los que compró para que siguiera abierta permitiéndole permutar piedras por dinero a ‘esgarrapellejo’. Hasta tuve que redactar de propia mano el manifiesto en defensa de la puta cantera que luego leyó el apijotado de Miguel Ángel Casado, ya fallecido, paro al que pagaron pingües emolumentos por traicionar a su tierra y al turismo que tanto decía defender. Ese manifiesto tuve que escribirlo sin firmarlo, claro está, porque el delegado de La Crónica que había entonces en Ponferrada no sabía escribir y ponía “a comido”, así sin hache, pese a lo cual cobraba 83.000 euros al año (ahora está dando el pufo en otro medio de comunicación y cuando se enteren ya será tarde).
    De paso que me deshacía en elogios de la cantera de mierda, tuve que sacar varios artículos mamporreros, bien para defender al alcalde de Carucedo, un facineroso que cuando se le quita la razón se lía a hostias, bien para atacar a sus muchos y cada vez más numerosos enemigos. Paradojas de la vida, el abogado que me encargó la defensa acérrima del acémila del alcalde (socialista) de Carucedo, fue el mismo que ayer me entregó la carta de despido, eso sí, afectando una gran compunción y haciendo gala de colegueo y buen rollito. No es un tonto ni un cabrón. Sólo cumple su papel de esclavo muy bien remunerado. Este rábula es el mismo que anunció en su día, sin saberlo, que la planta cementera de Coirós estaba abocada al fracaso desde el mismo momento en que el sabelotodo de Martínez Parra decidió que los ingenieros no tenían ni puta idea y que se iba a encargar él de todo. Efectivamente, se encargó de todo y así le ha ido. Aunque en realidad no hizo sino poner en práctica la máxima de su padre, el Abuelo, el Padrino, Don José, cuando en una entrevista en el Progreso de Lugo sentenció: “La diferencia entre un ingeniero y yo es que yo puedo pagar a un ingeniero y él a mí no”. Sí, seguro que esa es la única diferencia.

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  125. Adiós gracias a Dios

    Por PACO LABARGA

    En fin, me han censurado columnas. Ojo columnas que escribía gratis y por las que llegué a recibir amenazas, no de los lectores, que eso enorgullece, sino del director y del director general. Yo pedía a gritos que me relevaran de escribir opinión, pero nada. De sobra sabían que la mierda de la opinión que figuraba en el periódico a última hora era plana y no atraía a nadie: un cura por aquí, un vicario por allá, un vagón de obviedades por acullá. O sea, discrepo del maestro Fulgencio, ni ‘pa’ envolver el bocadillo.
    De hecho, ese director tan reconocido cuando murió me amenazó con graves consecuencias si no retiraba de mi blog personal un comentario que ni siquiera sé sobre qué versaba. Otro director me amenazó también con graves consecuencias si no interrumpía mi descanso para hacerle una entrevista al entonces alcalde López Riesco, al que después de insultar y vilipendiar día sí, día también, decidieron adular para ver si sacaban algo de cacho por la vía de la publicidad.
    Todos los días, por una razón u otra, había que dar hostias sin cuento a Riesco, a Ulibarri, a la Ciuden (para que nos diera obras) y hubo que silenciar cientos de casos y de condenas, porque no interesaba al dueño que eso se publicara. Y todo esto me lo tuve que tragar yo con patatas, porque quienes debían hacerlo y cobraban por ello, no tenían ni la formación ni la capacitación ni los santos cojones de hacerlo. En el colmo del absurdo, un día que yo no trabajaba, mis compañeras tuvieron que hacer un trabajo del instituto para la hija de uno de los jefes. Mira cómo se lo han agradecido.
    Así que, menos lobos. A mí también me habría gustado escribir reportajes con rostro humano y esas historias íntimas de gente asesinada en la Guerra Civil, de esqueletos desenterrados que venían con un tiro en el cráneo y una subvención pública debajo del brazo, o relatar la epopeya (el marino) de los mineros encerrados como topos durante semanas en la mina de Santa Cruz para, sin ellos saberlo, aumentar los beneficios y la posición dominante de Victorino.
    Pero no, héteme aquí que, como el gilipollas de Jesucristo, tuve que apurar el cáliz hasta la hez, o sea, que tuve que comer mierda a espuertas, mientras otros escribían poesía y hasta ciencia ficción de calidad mediocre. Y encima me criticaban por la mierda que escupía.

    PD: Así que ahora que La Crónica ha cerrado empiezan mi libertad de expresión y las otras libertades, comienza mi verdadera liberación, y en lo más íntimo de mi ser sólo puedo decir una cosa: que le den por el culo a La Crónica y a la propiedad.

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  126. Gracias a todos por vuestros comentarios y sobre todo a esta personita anónima, que ha tenido la santa paciencia de colgar el homenaje que ha hecho TAM TAM PRESS a toda esa gente que pasó por La Crónica de León.

    Besines utópicos, Irma.-

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  127. Esto si es y ha sido una lección de periodismo, suerte para todos compañeros.

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  128. Muy triste Irma, he leido alguno de los comentarios que han dejado por aqui y se me encoje el alma.

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  129. Lo lamentable del caso es que al final todo se olvida y seguimos escondiendo la cabeza como el avestruz. Una noticia triste muy triste para León.

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  130. A mis queridos compañeros de La Cronica desearos lo mejor mucho ánimo y adelante compañeros.

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Gracias por vuestros comentarios y sobre todo por creer en utopías, Irma.-