Perdemos milenios en decenios, no podemos perder la cultura popular ni su arquitectura tradicional. ¡Ojalá consigamos hacer realidad esta utopía! #SalvemosLosPalomares

7 de abril de 2010

La Casa del Duende de Sahagún se quedó sin duende

Nada se ha podido hacer para evitar la demolición de la
Casa del Duende, más conocida en la época como la «casa del americano», por la expectación que en 1880 causó su construcción por parte de Rogelio Herques Ibarreta, nieto de un millonario empresario alemán, que fijó su residencia en Sahagún, de la que se «enamoró» una tarde de toros en las fiestas de San Juan.

Las grúas han echado abajo una de las construcciones más singulares de la localidad, por la magestuosidad de sus dimensiones, y por su distribución interior de gran mansión de época. Se cuenta que fue la única que entonces contaba con baños y aseos tanto para el servicio como para sus propietarios, disponía de un ala exterior donde se instaló ascensor a lo alto de la vivienda y disponía de chimeneas de mármol de Carrara en todas sus dependencias.

Con el derrumbe de los muros de la Casa del Duende desaparecen también los últimos vestigios de su dueño, un hombre que fue leyenda en Sahagún. Se trata de Rogelio Herques, un excéntrico millonario que vivió durante la segunda mitad del siglo XIX y que pasó a mejor vida de un tiro en la sien con una bala que dejó en el revólver tras haber acribillado a su hermano y a su cuñada, tras una velada en una mansión en Montecarlo.

Durante su accidentada vida viajó por todo el mundo, también por Tierra Santa, y entre viaje y viaje, también visitaba Sahagún, villa a la que se mantuvo «onírica y fervorosamente unido» y en donde mandó construir la Casa del Duende, en la que residía temporalmente, y que se ha mantenido en pie hasta hace unos días.




3 comentarios :

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. En Sahagún tenemos demasiados DUENDES ya.

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  3. y duendas, que dijo "aquel" pues ahora ya ni su sombra.

    Un pena, pero es el pan nuestro de cada día.

    Saludos, Irma.-

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Gracias por vuestros comentarios y sobre todo por creer en utopías, Irma.-